Hacer espacio para lo nuevo

VASTU SHASTRA: El Yoga de las casas

Hay momentos en los que sentimos que algo necesita cambiar. Simplemente aparece una sensación de que ya no queremos continuar de la misma manera. Puede ser el deseo de ordenar la casa, comenzar un proyecto, dejar un hábito o sentir que necesitamos recuperar claridad.
La llegada de la primavera nos acompaña naturalmente en estos procesos. Los días comienzan a tener más luz y la naturaleza vuelve a mostrarnos movimiento y crecimiento, y algo en esta época nos invita a abrirnos también nosotros. Pero cambiar no siempre es sencillo: incluso cuando sabemos que algo ya no nos hace bien, podemos sentir miedo frente a lo que viene. Lo conocido da seguridad, aunque ya no resulte cómodo, mientras que lo nuevo todavía no sabemos cómo será. Por eso muchas veces queremos cambiar, pero al mismo tiempo nos cuesta soltar lo que conocemos.
Cuando pensamos en hacer espacio, generalmente lo relacionamos con la casa. Un placard lleno nos muestra que el espacio tiene un límite. Si todo está ocupado, resulta difícil incorporar algo diferente. Con nuestra vida sucede algo parecido. Podemos tener la agenda llena y preguntarnos por qué no encontramos tiempo para aquello que realmente queremos hacer. Capaz no necesitamos sumar una cosa más, sino revisar qué podemos dejar de hacer.
Desde la mirada del Vastu Shastra, la antigua ciencia india que estudia la relación entre los espacios y las personas que los habitan, la casa no es solamente una construcción. Allí se desarrolla nuestra vida y también se manifiesta nuestro estado interior. Por eso, cuando hacemos cambios en la casa, muchas veces estamos expresando un cambio que está ocurriendo dentro nuestro.
Ordenar puede ser un acto sencillo, pero también una forma de tomar conciencia. Cuando revisamos un cajón y encontramos cosas que ya no usamos, tenemos que decidir si queremos conservarlas. Al desprendernos de ellas practicamos el desapego y permitimos que la energía circule.
Esto también tiene una dimensión espiritual. La espiritualidad no tiene que ver necesariamente con una religión ni con rituales, tiene que ver con nuestra capacidad de estar presentes y relacionarnos conscientemente con lo que hacemos. Cuando ordenamos nuestra casa prestando atención a lo que sentimos, estamos haciendo algo más que acomodar objetos: estamos observando nuestra propia vida. A veces el movimiento comienza afuera y genera un cambio interior. Otras veces ocurre al revés: cuando tenemos mayor claridad, sentimos que algunos espacios ya no representan quiénes somos. 
Ambos procesos pueden hacerse al mismo tiempo, de hecho es lo recomendable: trabajar sobre nuestro interior mientras hacemos cambios concretos en nuestro hogar. Una respiración tranquila puede bajar la ansiedad y unos minutos de silencio ayudarnos a escuchar qué necesitamos. Desde ahí resulta más fácil ordenar o modificar un ambiente.
La primavera también nos enseña que renovarse no significa solamente agregar. En la naturaleza existe un ciclo permanente de crecimiento, transformación y desprendimiento. Para que aparezca algo nuevo, algo anterior tiene que dejar lugar. Muchas veces queremos comenzar una etapa diferente sin perder nada de lo anterior. Queremos nuevos proyectos, pero seguimos ocupados con compromisos que ya no nos representan. Queremos sentirnos más livianos, pero continuamos acumulando cosas que nos recuerdan etapas que ya terminaron.
Hacer espacio no significa deshacernos de todo ni vivir en una casa vacía. Significa aprender a elegir, preguntarnos qué queremos seguir teniendo cerca, qué cosas todavía tienen sentido para nosotros y cuáles conservamos simplemente porque nos acostumbramos a ellas. Tampoco es necesario hacer grandes cambios de un día para el otro, podemos empezar por un pequeño espacio y observar qué sucede. Mientras ordenamos pueden aparecer recuerdos, emociones, resistencia o alivio. A veces descubrimos que soltar algo que ya no necesitamos resulta mucho más difícil de lo que imaginábamos.
Hacer espacio para lo nuevo no significa saber qué va a llegar, sino estar más disponibles para recibirlo. También podemos profundizar este proceso a través de prácticas que nos ayuden a estar más presentes, como la respiración, la meditación o los mantras. Con la mente más tranquila podemos observar los cambios con mayor claridad y decidir sin dejarnos llevar tanto por el miedo. La casa puede acompañar ese camino, un espacio más ordenado y libre puede ayudarnos a sentirnos más disponibles para lo que queremos construir.
Quizás esa sea una de las enseñanzas más lindas de la primavera, la vida se renueva cuando encuentra las condiciones para hacerlo. 

Dardo Gutierrez
Dardo Gutierrezhttp://www.vastu.com.ar
Arquitecto y consultor de Vastu Egresado de American Institute of Vastu, California, EEUU

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