Caminamos por la calle y observamos las caras de las personas con quienes nos cruzamos.
Los rostros nos van expresando un poco de la vida interior de cada uno.
Caras alegres, caras preocupadas, todos nos mostramos según nos va.
Los que están conformes con su vida, no desean cambiar nada.
Por otra parte, entre quienes no están contentos, están los que dicen que la vida los trató mal y depositan en causas externas el motivo de sus pesares.
Sin embargo, tendríamos que comprender que la realidad es maleable, posible de cambiar. Su cualidad es que no es definitiva, que está sujeta a modificaciones.
Nosotros somos la realidad que vivimos; la vamos creando día a día.
Y de cada uno depende la realidad que está manifestando.
El motor son los pensamientos, que guían las acciones.
El mundo que vivimos, es el mundo que fuimos creando tiempo atrás con nuestra manera de ser. Por eso, no sirve quejarnos o echarle culpas a otros por aquello que nos pasa.
Estamos viviendo el mundo tal como lo fuimos formando.
Si no nos gusta nuestra vida hoy, tendríamos que hacer un alto, mirar hacia atrás con total sinceridad, e intentar encontrar las causas que nos condujeron a la situación actual.
Seguro que no es fácil. La vida se encarga de cubrirnos con velos que nos obstaculizan la visión y no podemos ver claramente dónde nos equivocamos.
Pero siempre se está a tiempo para mejorar.
Cuando hacemos ese “click” y entendemos que ya es imposible continuar como estamos, llegó el momento del cambio.
Y esto que le puede pasar a cualquier persona individualmente, sucede exactamente igual a nivel mundial, ya que el pensamiento colectivo es el que conducirá a que una manera de vivir armoniosa, se manifieste.
MSF



