De la ira a la levedad

Vivir en paz

¿Por momentos advertís una nube de enojos que obnubila tu camino? ¿En situaciones de confusión, avasallamiento, te invade una ceguera que no puedes evitar experimentar? Estas son sensaciones que suelen percibirse cuando la ira se está preparando para eclosionar. Si dejas que la combustión crezca, el fuego comienza a arder y la intensidad de las llamas se filtrarán entre tus palabras y acciones. Podes evitar la eclosión, solo que, para ello necesitas dialogar con tu ansiedad para que te permita hacer la pausa, ese instante sagrado que va a marcar el primer paso para abrazar el origen de la ira.
Habitar la ira es darles lugar a sus tres etapas. La primera: la percepción de la combustión. Aumenta la frecuencia cardíaca, se tensan los músculos, especialmente en cuello y mandíbula, la respiración se agita, suda alguna parte del cuerpo y el fuego trepa hacia las mejillas y los ojos. Observa con quien o quienes estás y qué es lo que produce este efecto.
Segunda etapa: la explosión. Puede que los síntomas iniciales se exacerben y que se sume la impulsividad con palabras hirientes colmadas de fuego abrasador y pierdes registro de sí. Emergen enojos muy guardados con la carga agresiva del aguante. Cuanto más retengas, más crueles se tornarán las frases.
Tercera etapa: la retirada. Un sabor amargo se expande en el pecho, es la angustia y quizá la culpa. Si tienes esta tendencia, te sugiero que releas cada paso y reflexiones. Ya le estás dando un lugar al cambio. Ahora viene el camino de la práctica transformadora.
Explora cual podría ser el germen de la ira. Por lo general se asocia a vínculos primarios de maltrato, limitación, o de cargas ancestrales del mismo tipo. Para tomar conciencia de todo esto es necesario darse tiempo con pausas y, si lo sentís, con ayuda profesional. Ambas opciones te van a ir conduciendo a la liberación de la tendencia a soportar, aguantar, retener para luego detonar en determinadas circunstancias. El proceso de sanación acarrea un trabajo de templanza y amabilidad contigo. La cólera es una emoción que suele quedar instalada y se acumula si no se la sana con la creación de amor propio.
Hay otras maneras de atravesar los enojos sin la represión. Lo inicial es nombrar lo que te enoja, elaborarlo internamente con conciencia y luego expresando ese motivo desde la firmeza, las convicciones, la presencia y no, desde la ira. Para contactar con el amor propio reordena internamente aquello que te molesta, que te impide soltar sinceridades. Habitar cada revelación desde cuerpo y mente. Observa los relatos internos que aparecen. Fijate si circulan frases que te desvalorizan o te juzgan.  Atiende con conciencia cada una. Paulatinamente el cuerpo se va a ir abrigando con palabras tiernas, pacientes y optimistas. Solo confía que esto va a ocurrir. Y así, con seguridad, vas a sentir más levedad. 

Por Alejandra Brener
Lic. en CC de la Educación
Ter. Corporal – Bioenergetista

alejandrabrener@gmail.com
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Instagram: @espacioatierra

Alejandra Brener
Alejandra Brener
Lic. en Ciencias de la Educación Terapeuta Corporal - Bioenergetista

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