Tranquilo comenzó el 2026. Todavía nos queda un poco de pan dulce del festejo del 31 y, sin embargo, el mundo ya se ha reconfigurado. Asombrados, seguimos mirándonos, tratando de ordenar nuestras cabezas, preguntándonos qué está bien y qué está mal en medio de estos movimientos geopolíticos que a todos nos impactan.
La globalización nos hace sentir cerca de todo: el mundo es cercano. Lo que antes era una historia que ocurría en otro lugar, hoy es parte del juego de todos. Sin embargo, individualmente, quienes no ostentamos ningún poder nos sentimos un poco superados. Queremos paz, queremos vivir tranquilos, queremos nuestra libertad y nuestra soberanía. Y que no se la quiten a nadie. Porque eso nos enseñaron nuestros padres de la patria.
Los juegos de poder son parte de nuestra humanidad; así han nacido los países. Lo que cambia —o debería cambiar— es la conciencia, la evolución humana. Hoy entendemos que toda vida es sagrada, no importa el credo, el género, la edad ni el país. Y, sin embargo, el péndulo sigue balanceándose.
Nos queda buscar el equilibrio. Informarnos desde fuentes confiables. El planeta se está reinventando y nos cuesta entenderlo. Hoy la ventana al mundo es multidimensional y, muchas veces, poco real. Buscar información confiable es un trabajo que debemos asumir para no ser salpicados por la estupidez. No repetir “por boca de jarro” también es una tarea, aunque resulte tan tentador opinar por opinar. Pero ¿quién soy yo para decirte qué tenés que decir y qué no? Nadie. Solo reflexiono, con buena intención.
Antes de las fiestas, mientras compraba regalitos para un amigo invisible navideño, descubrí a una chica —vendedora en una tienda— escribiendo en papelitos de colores, primorosamente doblados.
—¿Qué es eso? —le pregunté.
“Son mensajes y buenas intenciones para quien quiera llevarse; los dejo en un tarro afuera”, me dijo sonriente.
Tomé entonces un papelito azul.
Mi mensaje me lo guardo para mí, porque era justo lo que necesitaba. Pero el mensaje de ella se multiplicaba sin fin: su tiempo, su buena intención, su dulzura…
A los seres sensibles los guardo en mi corazón, sanan mañanas, regalan esperanza. Es un poco lo que necesitamos todos. Multiplicar mensajitos, saber que alguien nos desea el bien. Nos libran del enojo, de la desidia. Nos recuerda que los buenos actos se construyen todos los días, como la libertad.





