Jorge Billi: el alquimista

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En medio de la pandemia, en un contexto económico dificilísimo, se da la situación de que muchas empresas del sector alimentos han crecido exponencialmente, al punto de no saber muy bien cómo conducirse: ¿comprar maquinaria para aumentar la producción?  ¿Sólo abastecer a grandes compradores, y cómo cumplir con los pequeños? Y la incertidumbre del “después”, en una Argentina que vive en crisis.  

Comparte con nosotros su experiencia Jorge Billi, titular de productos “Billi”, una empresa con más de 35 años en el sector, dedicado a la Tecnología de los alimentos, que desarrolla con marca propia condimentos, sopas, saborizantes y para la industria alimentaria: “todo lo que se necesite”

“En estos meses de pandemia – nos cuenta Jorge- hemos aumentado nuestras ventas casi al doble, además de nuestras líneas, nosotros proveemos a las industrias de lo que necesitan para sacar su producto. Las ventas mejoraron mucho, pero, yo ya vi todo a nivel economía Argentina. Hay que crecer despacio. ¿Una máquina nueva? Sí, te ayuda a aumentar la producción, pero tenés que pensar en el después y en todo lo que implica. ¿Clientes grandes? Yo aparté siempre lo que necesitan mis clientes y distribuidores chicos, el resto es para “los grandes”, no podés desabastecerlos porque aparece un cliente nuevo. Mi padre, griego, era golosinero y él ya decía hace 50 años: Argentina va a vivir siempre en crisis. Nosotros vimos y sufrimos todo; el detener camiones para que peguen la vuelta, porque la moneda se había deteriorado tanto en unas horas que no podíamos vender. Despacio es la manera de crecer”.

Jorge se enorgullece de sus desarrollos, que él mismo pergeña, como un alquimista. Su empresa huele a especias. Nos cuenta que el boom de estos días es el pimentón ahumado, el ahumado con jamón y el pimentón con naranja; que está experimentando con un maní con chocolate que le pidieron elaborar que tiene que tener la adhesión justa. Que en la fragata Libertad comen los purés, sopas, bizcochuelos, gelatinas que él elaboró para las empresas licitantes, así como en la base Marambio en la Antártida y para todas las fuerzas armadas.

Pero volviendo al aquí y ahora, en el marco de la pandemia las condiciones laborales se complican:

“Redujimos dos horas por día la jornada, y está influyendo porque no damos abasto con la producción. El objetivo es que la gente evite los horarios pico. Las ventas se han incrementado muy rápidamente, y hay productos con los que no damos abasto, tenemos hasta una semana de demora por las cantidades que nos piden. Por ejemplo, empresas de primerísima línea nos piden el morrón para sus fideos y nosotros tenemos que molerlo y se están llevando entre mil y mil quinientos kilos por semana. Toda la mercancía (las bolsas) antes de salir de la fábrica tienen que salir sanitizadas con productos específicos. Y toda la gente que entra o que trabaja acá, tiene un pasillo donde está la ducha también con sanitizante, tienen alcohol en gel que se activa con el pie, no pueden tocarlo, se les toma la temperatura y recién ahí pueden ingresar a la fábrica. Se tienen que cambiar la ropa, tienen que usar la adecuada, cambiarse el barbijo, no pueden usar el barbijo que traen de la calle. Cumplimos con los máximos cuidados en higiene y seguridad”. 

Y una nota de sabor, Jorge es el creador del “provenzal”, lo tiene como marca registrada, ¿qué tal??

Gracias Jorge Billi! 

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