Cansancio crónico y saturación crítica

Todo lo que necesitás saber para fluir hacia un Nuevo Paradigma Humano

Como si todo esto estuviera planificado y manipulado, nos sucede a todos lo mismo, de manera colectivamente sincronizada. Todos nuestros problemas individuales, que hemos estado cultivando durante más de 2000 años y que se aceleraron profundamente en los últimos tres siglos, hoy superan todas las posibilidades de aceleramiento para culminar en un salto Quántico: de conciencia y dimensión .
Todos los problemas se han colectivizado. El estrés, la tensión, el cansancio y la saturación ya no son un mal individual, sino que, por solidaridad y empatía de la especie, se han generalizado y democratizado. No es como una economía próspera que concentra el capital a tal extremo que luego se derrama sobre la sociedad —esa es una utopía (o una falacia)—, es más bien una “pandemia” o una “crisis crítica colectiva”, y no es casual.
Hace más de 250 años entramos en una era de aniquilación del tiempo y el espacio. El ser humano no estaba biológicamente preparado para eso. La tecnología industrial logró una aceleración de los procesos para acortar distancias en el espacio y aumentar la velocidad, como la producción en serie que produce más en menos tiempo. Estos aceleradores alteraron el ritmo biológico y el estrés de la especie llegó al borde del colapso.
Al no poder sostener el equilibrio psicológico, la propia identidad se fragmenta y busca sobrevivir adhiriéndose a identidades colectivas, identificándose con algo más allá de la responsabilidad individual que la contenga. Pasamos de tener identidad individual a pertenecer a identidades colectivas, para democratizar aquello que como individuos no podíamos procesar. Como el problema es colectivo, la defensa también debe ser colectiva. Debemos, como individuos, integrarnos a una familia o comunidad que nos permita preparar, de manera coordinada y sincronizada, defensas colectivas.
Es necesario recuperar nuestros espacios y silencios. Escoger inteligentemente nuestros estímulos y silenciar todo aquello que actúa como distracción o entretenimiento. Volver a comprender el verdadero sentido de la “dieta”, que no significa “restricción”, sino “modo de vida” o “régimen saludable”, enfocado en la salud física, mental y emocional. El equilibrio integral se vuelve imprescindible para cambiar y transformar la forma en que interactuamos con el mundo, ya que el mundo es hoy el causante de nuestro agotamiento colectivo.
Debemos ir hacia una soberanía emocional ante el agotamiento generalizado, generando estados emocionales positivos mediante la empatía neuronal y el contacto real con la diversidad. La presencialidad es fundamental: es allí donde nuestro ser se integra con el “campo” de la especie para transformar nuestra interacción con el entorno.
Cuando cambiamos nuestra forma de interactuar, transformamos el mundo. Para lograrlo, es necesario recuperar la Soberanía Emocional: ampliar nuestra capacidad de sentir sin colapsar. Fomentar la contención, apoyarnos en grupos de pertenencia claros y sanos. Discernir los círculos sociales: la tecnología nos obliga a interactuar con miles de personas, pero biológicamente nuestra atención tiene un límite. Superarlo genera “estrés social”. Esto requiere contención familiar o de un grupo comunitario: “todos para uno y uno para todos”.
Ante la avalancha desproporcionada de estímulos recibidos diariamente, la dieta emocional se hace imprescindible para desintoxicar y limpiar los estímulos tecnológicos a los que fuimos sometidos en las últimas décadas. A través de la ingeniería social, las grandes corporaciones mediáticas y de entretenimiento, junto con equipos gubernamentales, permiten y avalan estas prácticas de saturación y desinformación, muchas veces disfrazadas de publicidad, campañas de concientización o programas educativos.
Neurológicamente está comprobado que el cerebro y el cuerpo descansan cuando realmente están en reposo y en silencio. Hoy más que nunca, para desaturar y desintoxicar la cantidad de estímulos a los que estamos siendo bombardeados constantemente, debemos alejar la tecnología de nuestros procesos biológicos, sobre todo del descanso.
Vivimos un cansancio emocional colectivo que está degradando nuestro físico y nuestra biología, haciendo que todos nuestros órganos funcionen con discapacidad, de manera arrítmica y desincronizada, sin acceso a su pleno potencial. Del mismo modo sucede con nuestra lucidez y claridad: nuestra energía para discernir entre pensamientos basura y pensamientos importantes o prioritarios, y para tomar buenas decisiones, está en baja o desconectada de la fuente.
Estamos fuera de eje, viviendo una vida excéntrica, colectivamente estresados, y no reaccionamos ante la cantidad de injusticias que se cometen en todo el mundo contra la humanidad. Se ataca de forma permanente e ininterrumpida la capacidad de atención, fragmentando la visión o perspectiva holística, global e integral, y colapsando nuestra autopercepción. En apenas 50 años pasamos de tener un foco de atención promedio de dos horas a apenas 45 segundos en las nuevas generaciones. La desinformación y el tridente de Sexo, Violencia y Muerte en los medios, de forma constante, nos genera un shock emocional, físico y mental.
Proteger nuestra atención es fundamental, ya que allí donde ponemos el foco, ponemos la energía. Esta es la clave de nuestro poder de realización y concreción. Si nuestra atención está dispersa, no podemos hacer foco; si no hacemos foco, no podemos cumplir nuestros objetivos, nuestras metas o nuestros deseos, e incluso muchas veces no podemos cumplir con cubrir nuestras necesidades básicas.
El mundo va demasiado rápido, y mis movimientos y reflejos se sienten muy lentos. Ya no voy hacia el futuro: el futuro viene hacia mí y me choca de frente. Hace falta más equilibrio y presencialidad, y no más velocidad. Debemos dejar de pelear por aquello que, de todas formas, va a llegar a nosotros. Hay que estar en eje, sin importar el tamaño de la ola que vamos a montar. No se trata de ser más rápido o de ser más lento, se trata de vibrar y fluir hacia el Nuevo Paradigma Humano, y no chocarnos contra él.

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