Todas las experiencias que se nos presentan son diseñadas para nuestra superación. Somos una parte de Dios evolucionando. Y no, no hay casualidades. Por alguna razón nos pasa lo que nos pasa. Y tenemos los parientes que tenemos, y se presentan las experiencias que necesitamos para aprender. Y los que nos rodean funcionan como un espejo, en ellos vemos lo bueno y lo malo que hay en nosotros mismos. Y lo que nos disgusta en los demás es lo que hay en nosotros oculto y no lo queremos reconocer. Como si el planeta fuera un gigantesco tablero y todos sus habitantes las piezas de un mágico juego. Termina un partido y empieza el siguiente. Con la diferencia que en este imaginario juego todos somos ganadores. Porque absolutamente todo lo que vivimos nos sirve, y todo está diseñado para nuestro provecho. Porque aun cuando perdemos (cuando nos enfermamos, o nos maltratan, o nos sentimos desgraciados), estamos sacando ventaja de esa experiencia; aunque no nos guste y nos parezca injusta, nos sirve. Por eso es positivo que descubramos la belleza que hay en todo, porque todo está diseñado exquisitamente por una inteligencia superior, a la que con nuestra mente limitada no podemos comprender. Y cuando tengamos la información necesaria, cosechada a fuerza de experiencia, veremos que todo encaja, que todo está diseñado para nuestro bien. Y que, en definitiva, somos ganadores. Siempre.
M. S. F.



