Si usted lleva una vida sedentaria y realiza escasa o nula actividad física, el exceso de glúcidos en su dieta tenderá a transformarse en depósitos de grasa en los tejidos, favoreciendo el sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, a pesar de esta advertencia,
los glúcidos no deben eliminarse de la alimentación con fines de adelgazamiento, y menos aún de manera arbitraria. La glucosa constituye el principal combustible del cerebro, y su aporte insuficiente puede alterar funciones esenciales. Esto puede traducirse en irritabilidad, angustia, mayor sensibilidad al dolor y estados depresivos. Por ello, resulta habitual que ante el decaimiento se busquen alimentos dulces. Esta tendencia también se
observa en quienes siguen dietas restringidas en glúcidos, como los diabéticos, aunque no es aconsejable ceder a dichos impulsos.






