El ciclo o ritmo circadiano es nuestro reloj biológico interno, que regula el sueño y la vigilia a lo largo de un día de 24 horas. Este ritmo varía según la estación del año; en verano los días son más largos, lo que naturalmente nos expone a más luz solar. Esto puede influir en nuestras horas de sueño y en cómo nos sentimos durante el día.
La exposición a la luz solar en la mañana y la tarde estimula la producción de serotonina (la hormona del bienestar), lo que puede mejorar el ánimo y la energía. Sin embargo, esta misma exposición puede alterar el sueño si no estamos atentos a la cantidad de luz artificial que recibimos por la noche. Es muy importante el descanso, ya que el calor y la luz nos invitan a estar más horas despiertos. Aprovechar las horas de sueño es fundamental; para ello debemos disponernos adecuadamente para dormir.
Para empezar, es necesario abandonar los dispositivos electrónicos al menos una hora antes y procurar que la habitación esté lo más oscura posible para que nuestra retina, aun con los ojos cerrados, no reciba estímulos. Tener una lectura agradable o una meditación relajante ayuda mucho a que el sueño sea reparador. No es necesario “saber meditar”; simplemente respirar y mantener la concentración en la entrada y salida del aire ya es una gran meditación.
Desintoxicación de la piel
El verano es considerado un buen momento para realizar una limpieza natural del cuerpo debido a la abundancia de alimentos frescos, agua y mayor actividad. No es un buen momento para un detox intestinal, ya que los pasos para una limpieza intestinal son algo agotadores e implican la toma de laxantes, lo que puede llevar a una baja de presión y descompensación. Pero para un detox de piel (y renal también) es ideal.
Con el sudor no solo regulamos la temperatura, sino que también eliminamos toxinas del cuerpo a través de la epidermis. En invierno necesitaríamos un sauna para lograr un buen detox; en verano solo basta salir una tarde y caminar un par de cuadras a paso ligero para sudar. Eso sí, hidratándonos siempre con agua ionizada, es decir, agua con un poco de sales.
Es importante saber que el agua que estamos consumiendo, aunque se denomine “mineral”, ha perdido gran parte de sus elementos químicos, por lo que no siempre logra una hidratación profunda. Agregando un mínimo de sal rosada o sal marina, ya estamos aportando los minerales necesarios.(Solo una cucharadita tamaño café -la chiquitita- por litro de agua).
Cepillado de la piel: es un excelente método de purificación. Eliminamos células muertas, activamos la circulación sanguínea y promovemos la eliminación de toxinas. El cepillado puede hacerse bajo la ducha o en seco; definitivamente recomiendo el cepillado en seco. Es más difícil de adoptar, más laborioso, pero altamente efectivo.
Se debe buscar un cepillo de cerdas orgánicas, de coco por ejemplo, no plásticas. Se pasa el cepillo varias veces por cada zona, desde los pies a la cabeza. Es un momento de profunda meditación, de estar en el presente. Se puede realizar 3 o 4 veces a la semana; la piel se sentirá cada vez más humectada y suave.
Si se ha tomado sol o la piel está irritada, NO realizar estas maniobras.
Para terminar, recomiendo especialmente en esta época conectarse con la Naturaleza: buscar la sombra de un árbol y meditar, o simplemente sentarse a descansar, apoyar los pies en el pasto, respirar el aroma de las flores y quedarse allí, sin prisa por seguir, percibiendo la expansión de la energía en las plantas, en sus colores y aromas. Esa misma expansión de energía se manifiesta en nuestro organismo. Todos los seres vivimos en un ritmo circadiano.






