La nueva sensibilidad

El futuro viene de frente, nos reta y desafía sin que podamos comprender del todo qué está sucediendo. Lo que esperábamos para un futuro lejano hoy nos sorprende. Nos sentimos ajenos en un presente que se instala como en un viaje hacia el futuro, hacia una nueva normalidad y dentro de un nuevo paradigma.
Entre miles de ideas confusas y apasionadas, que surgían de un mundo que ahora se va, aparecían aquí y allá rasgos de un “nuevo futuro”. Voces anunciaban el mundo del mañana bajo el ropaje de descubrimientos científicos, ideologías sociales o, simplemente, del entretenimiento a través de los medios de comunicación, hoy instalados en nuestra cotidianeidad.
Estas nuevas ideas, sin embargo —generalmente carentes de la centralidad del Ser Humano y representadas por totalitarismos o corporaciones, tecnocracias o el sometimiento del Ser a tecnologías o sistemas no humanos—, no pueden ser aceptadas por la nueva humanidad; la nueva sensibilidad no puede tolerarlas. Por eso nos arrastramos de frustración en frustración, sin entender este futuro impuesto. Muchos caen en la desidia, el escepticismo o la depresión; otros se llenan de rabia e impotencia.
Actuamos sobre un cúmulo de experiencias adquiridas, pero, lamentablemente, son experiencias de un mundo que ya no existe. El agua, el aire y la tierra están contaminados; la calidad de vida está deteriorada y en caída. El mundo cambió: lo percibimos enajenado y desconocido.
Hoy todo puede ser monetizado. Tener descendientes no es negocio: es una inversión muy alta y a largo plazo, y la capitalización y la rentabilidad se las van a repartir otros. Este tipo de ideas, completamente deshumanizadas, calaron profundo en el inconsciente del Ser Humano y hoy rigen, muchas veces sin que lo advirtamos, nuestras decisiones.
¿Nosotros provocamos el cambio? Sí, pero este cambio nos toma la delantera. Todavía no somos conscientes de las implicancias de este nuevo paradigma en nuestras vidas cotidianas.
Este nuevo paradigma todavía no nos resulta claro como individuos, ya que vivimos enajenados detrás de nuestros propios intereses. Casi no vemos o comprendemos al otro, que nos resulta sospechoso. Tampoco le resulta claro al “colectivo”, porque los intereses masivos están colonizados por el entretenimiento y las angustias sociales, que no permiten apreciar con claridad hacia dónde se dirige el mundo.
Lo que conmueve la sensibilidad del Ser viviente de hoy no es el futuro del Alma, como para los antiguos, ni el futuro de la Historia, como para los modernos, sino el futuro de la propia existencia y de la propia vida: la supervivencia.
El miedo atómico, el miedo ecológico, el miedo climático y el miedo a la deshumanización nos amenazan desde todos los ángulos. Pero no es algo que el Ser pueda enfrentar en solitario, sino que haría falta la fuerza conjunta de toda la humanidad si quisiéramos producir un cambio positivo.
No hay ninguna esperanza si no integramos al otro; si no nos reconocemos como especie con derecho a la existencia. Si no nos reconocemos como seres sensibles.
Porque hay una fuerza intrínseca en la especie humana, una fuerza que domestica el presente que hereda del pasado para proponer un futuro capaz de quebrar la barrera de la esclavitud de los viejos sistemas y abrir la puerta de acceso al camino de liberación del hombre. Porque esto existió siempre. Esta no es la primera crisis de la humanidad ni la primera proyección apocalíptica.
Esta fuerza nueva tiene naturaleza de “mensaje encriptado” en el colectivo humano y se expande masivamente en las nuevas generaciones. Necesitamos, hoy en día, un nuevo modelo centrado en el Ser Humano, un Nuevo Humanismo, un Nuevo Renacimiento del Ser Humano en el corazón mismo del individuo. Ser intérpretes del futuro que ya existe, y no títeres de una programación social, es la cuestión.
Hoy el árbol no nos deja ver el bosque y nos enfrentamos al abismo de nuestra ignorancia. Ni el significado más profundo de la vida, ni la ciencia ni la religión son capaces, por sí solos, de salvar este abismo, que tampoco podrá ser salvado por la inteligencia artificial ni por el conjunto de los cerebros más especializados de esta civilización.
Pero ante la nueva humanidad se abre un camino hacia el desarrollo de la consciencia y de una nueva sensibilidad. O se sintoniza y se conecta con ella, o se convierte uno, sin darse cuenta, en instrumento de manipulación tecnológica.
Esta nueva sensibilidad ya está en el Ser Humano. Solo tenemos que sintonizarla, conectar con ella. El camino es unir cerebro y corazón, cuerpo y espíritu.  

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