Enfermedades generadas por el complejo inmune: una teoría nueva y provocativa

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Merece la pena consignar aquí que gran cantidad de investigaciones recientes parecen converger en la idea de que el mecanismo del complejo inmune puede explicar mucho, no sólo sobre la alergia, sino también sobre la conexión de la alergia con la naturaleza básica de la enfermedad.

Una vez que estos complejos inmunes (macromoléculas) se depositan en los tejidos circundantes, causan irritación, activando los mastocitos sensibilizantes, lo que ocasiona una dramática inundación de potentes mediadores químicos. Estos últimos son los responsables de los síntomas retardados, inflamatorios o alérgicos y del daño final a los órganos y tejidos circundantes. Y este daño causado por el complejo inmune puede tomar cualquier forma: dolor, hinchazón, sensibilidad exagerada al dolor, picor, rojeces y proliferación de células (eccema), destrucción del tejido conector de colágeno, desmineralización de los huesos (artritis reumatoide), constricción de las paredes de los vasos (presión sanguínea elevada), mucosidad excesiva (rinitis alérgica) fiebre, disminución en la producción de ácido clorhídrico y secreciones pancreáticas (desórdenes digestivos), mal funcionamiento del páncreas para la regulación de azúcar en sangre (diabetes) arteriosclerosis y muchos más. Así, todas estas podrían ser condiciones clínicas generadas por complejos inmunes activados (alergénicos).

Todo empieza con la mala nutrición

Aquí trabaja un círculo vicioso en el que una dieta inadecuada (incluyendo el comer alimentos alergénicos no detectados, exceso en el consumo de alcohol, aceites saturados y sobreprocesados, y metabolismo o hipoconsumición inadecuados de las grasas esenciales en la dieta) ocasiona problemas digestivos profundos. La subproducción de IgA secretor, la célula cebada fácilmente desestabilizable, la baja producción de ácido clorhídrico, el páncreas con mal funcionamiento y el debilitamiento de la barrera mucosa. Y a su vez esto conduce a la pobre absorción de nutrientes, a la penetración masiva de macromoléculas sin digerir en la corriente sanguínea, y a un asalto del cuerpo entero por los mediadores químicos liberados. Eventualmente los sistemas inmune y digestivo se agotan intentando eliminar los invasores tóxicos, y pierden aún más capacidad de procesar por completo nuestra comida y extraer sus nutrientes.

Cuanto más tiempo permanecen los alimentos alergénicos en nuestra dieta, el daño es progresivo. El sistema empieza a reaccionar contra más y más alimentos, incluyendo alimentos no alergénicos previamente que entran en el sistema conjuntamente con los alimentos ya alergénicos, alimentos comidos con café o alcohol, alimentos refinados y procesados que requieren poca digestión para pasar al intestino a través de la corriente sanguínea. Pronto se absorbe muy poco de valor nutritivo y mucho tóxico y alérgeno. Eventualmente, y debilitado por la tensión crónica y mala nutrición, el sistema inmune es vencido por la enfermedad.

Para curarse y mantener una buena salud, es necesario digerir adecuada y completamente. Aún así, mucha gente ostensiblemente sana, evidencia problemas digestivos de una clase u otra: hipoclorhidria, diarrea, dolor estomacal, indigestión, gases, náuseas, estreñimiento, alimentos sin digerir en las heces, fluctuaciones repentinas de peso, síntomas de hipoglucemia, lengua sucia, flatulencia, halitosis, eructos, fatiga o hinchazón tras las comidas. Mucha gente acepta estas condiciones como normales, probablemente porque todo el mundo parece sufrir una sintomatología parecida. Pero la digestión realmente sana se realiza con ausencia de síntomas. Los síntomas persistentes indican que algo va mal, y ese algo se relaciona frecuentemente con la alergia a los alimentos.

Dr. Domingo Pérez León

wwwinstitutobiologico.com

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