Acomodar el desorden

Como una matraca, machaca que machaca, todo el día, todos los días, escuchamos o vivimos hechos que pueden hacernos colapsar. Es necesario, es imprescindible, que aprendamos a centrarnos y mantenernos conectados con un estado de conciencia donde la serenidad y la cordura nos permitan superar los traumas diarios. Para eso lo mejor es que intentemos, cien veces por día si es necesario, recordar que no somos producto del azar; que una energía muy vasta a la que desconocemos, es la que nos dio la vida y nos permitió ser nosotros mismos. Y que su amor debe ser tan enorme, que nos dotó de libre albedrío, una oportunidad para que elijamos quiénes queremos ser.
Y por supuesto, ya lo dijimos tantas veces, nuestra vida hoy es el resultado de lo que previamente programamos: nosotros, nuestros vecinos, los gobiernos.
También dijimos muchas veces que tirarnos de los cabellos, desesperarnos, no nos sirve de nada. Solamente manteniendo la calma, dejando de pensar en nosotros mismos y poniéndonos todas las pilas para aportar soluciones que sirvan, podremos comenzar a acomodar este desorden.
El siguiente ejercicio es un trabajo de meditación reparador. Sirve para detectar nuestros puntos débiles y repararlos. Con firmeza, con voluntad y siendo honestos con nosotros mismos, podremos llegar a resultados positivos, para el bien propio y el del entorno.

Ejercicio para Reflexionar

Trabajando sobre la personalidad, examinándonos para descubrir los errores que nos conviene evitar, o no repetir. Resulta vital, sumamente importante, que nos tomemos unos minutos para encontrar las respuestas que pueden resultar reveladoras; si nos comprometemos y contestamos con el corazón. A continuación presentamos una serie de preguntas que sirven para realizar un trabajo que puede hacerse solo o dentro de un grupo.
Como la respuesta a cada una de las preguntas da lugar a un profundo trabajo interior, es conveniente utilizarlas en grupos de a tres por reunión.
Con paciencia, siendo sinceros y estando dispuestos a corregir errores: ¡adelante!

1er. Nivel:

  •  ¿Aprendí las lecciones que la vida me impuso?
  • ¿Repito los mismos errores?
  • ¿Cuáles considero que son mis peores defectos?

2do. Nivel:

  • ¿Intento comprender a los que comparten conmigo la vida?
  • ¿Me pongo en su lugar?
  • ¿Me enojo seguido?

3er. Nivel:

  • ¿Estoy conforme conmigo?
  • ¿Soy responsable?
  • ¿Qué aporto a la vida para que sea mejor?

Marta Susana Fleischer

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