Cada vez se habla más de dejar de comer «harinas» como un método fácil para bajar de peso o como camino hacia una alimentación saludable. Sin embargo, no debemos ignorar que los hidratos de carbono son necesarios en toda alimentación saludable, ya que en ellos encontramos la energía necesaria para realizar nuestras funciones vitales y actividades diarias. Entonces, plantear una «dieta» sin carbohidratos (uno de los tres macronutrientes esenciales) es incompatible con una vida saludable.
Las consecuencias en el cuerpo y el metabolismo son numerosas y varían según el nivel de restricción que se realice.
¡Pero atención! La forma en que los consumimos marca la diferencia.
Muchas veces se asocia el consumo de carbohidratos a los productos de confitería (facturas, cremonas, bizcochitos, etc.) y, por ende, a las «harinas». Bien, sí, se hacen con harina… pero el contenido de grasa, sodio, azucares añadidos (etcétera), que tienen es el verdadero tema en cuestión, y no los hidratos de carbono.
Definamos entonces el concepto de harina.
Según el Código Alimentario Argentino (CAA), la denominación harina, sin otro calificativo, hace referencia a la molienda del grano de trigo. En caso de que esa molienda provenga de otros cereales, legumbres, frutos o partes de frutos, debe indicarse el origen, como por ejemplo harina de maíz, harina de arvejas o harina de almendras.
El valor nutricional de los diferentes tipos de molienda dependerá del origen, es decir, de si proviene de un cereal, una legumbre o un fruto, y del grado de refinamiento (eliminación de la cáscara o del salvado). Desde el punto de vista nutricional, no todas las harinas son reemplazables por otras.
Nuestro organismo necesita incorporar diariamente carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales para cumplir correctamente sus funciones. Como mencioné más arriba, restringir a nuestro cuerpo de alguno de estos nutrientes puede afectar tanto nuestra salud física como nuestra salud mental.
Eliminar la harina de trigo como sinónimo de alimentación saludable es un mensaje confuso. La harina de trigo es la molienda del grano de trigo, fuente de carbohidratos, y debe considerarse una alternativa más para cubrir las necesidades de este nutriente, pero no la única. Es una opción.
Asimismo, aquellas personas celíacas o intolerantes al gluten cuentan con varias alternativas de reemplazo, utilizando harinas de otros cereales, como harina de arroz, maíz, mijo, sorgo o trigo sarraceno, e incluso harinas de legumbres.
Teniendo en cuenta que las harinas de legumbres, además, cuentan con un mayor aporte de proteínas y con todos los beneficios propios de estos alimentos. Las harinas de frutos, como la de almendras, serán fuente de grasas saludables.
Hagamos hincapié en seleccionar las harinas de mejor calidad para cada uno de nosotros y en consumirlas en las cantidades necesarias. Comprendamos que es importante informarse con datos de calidad, sin entrar en «guerra» con nutrientes ni alimentos. Y tengamos en cuenta que las recomendaciones son individuales y que, ante cualquier duda, lo adecuado es consultar a un nutricionista.
Por Lic. María Coll
Lic. en nutrición en dispositivos de TCA (Trastornos de la conducta alimentaria)
MN 6997 MP 5230
IG @nutricion_mariacoll/@espacio.trastornosalimentarios






