Vivir es un largo aprendizaje, desde que nacemos hasta el último día de nuestras vidas. Esperemos que las vivencias que pasamos a lo largo del año que acaba de finalizar, hayan funcionado como maestros que nos indican cómo tenemos que seguir de ahora en más. Te sugiero que en estos primeros días del año, hagas una pausa. Llamala vacaciones, un alto, como quieras. Pero tratá de que sea una pausa a solas y personal, que dure unas horas, o varios días según tus posibilidades. Lo importante es que en ese tiempo que te vas a reservar para vos, te «encuentres». Que lo uses para pensar en lo que viviste, para agradecer por lo que pasaste aunque haya sido malo -porque ya sabemos que de todo se aprende- y para programar cómo querés que sea tu vida de aquí en más.
Un balance profundo y personal produce grandes beneficios. Te confiere una visión amplia de quién sos, cuáles son tus verdaderas necesidades y cómo podés hacer para lograrlas. Después de hacer este recorrido por nuestra historia personal y esta planificación, nunca volvemos a ser los mismos. Emergemos del recuento más centrados y confiados, porque recurrimos a nuestras fuentes para buscar soluciones.
Siempre el resultado es positivo y un profundo agradecimiento se apodera de nosotros. Vale la pena el intento.
M.S.F.






