¿Puede el uso de agrotóxicos contaminar los yerbales cultivados sin agroquímicos?

Un alambrado delimita hasta dónde llega una chacra, pero no necesariamente hasta dónde influye lo que se aplica dentro de ella. En temas de glifosato la cosa se va poniendo dudosa.  
En los últimos días una de las cuestiones que vuelve a ponerse en discusión en Misiones después de que la provincia dejara sin efecto la prohibición general del glifosato es: ¿Qué pasa si el establecimiento vecino vuelve a utilizar herbicidas? ¿Puede una aplicación realizada fuera del yerbal terminar afectándolo?

Veamos primero qué es el glifosato:
El glifosato es técnicamente un herbicida y los organismos regulatorios lo incluyen dentro de los productos fitosanitarios. En ámbitos ambientales y sociales suele utilizarse la palabra “agrotóxico”, una denominación que pone el acento en los posibles efectos tóxicos de determinadas sustancias utilizadas en agricultura. No es, sin embargo, la categoría utilizada oficialmente por los organismos de control.
En 2023 Misiones había aprobado una legislación destinada a avanzar en la sustitución de productos químicos y a prohibir el glifosato en el territorio provincial. La implementación fue posteriormente flexibilizada y, finalmente, en septiembre de 2026 la Legislatura eliminó esa prohibición general.
Eso no significa que desde ahora cualquier producto pueda utilizarse sin regulación. Los fitosanitarios continúan sujetos a autorización, registros, condiciones de aplicación y controles. Pero sí cambia el escenario para una provincia donde conviven producciones convencionales, agroecológicas y orgánicas.
El punto central es que un cultivo no está completamente aislado de lo que sucede a su alrededor.
Durante una pulverización puede producirse lo que técnicamente se denomina deriva: pequeñas gotas que no alcanzan exclusivamente el objetivo donde deberían depositarse y son transportadas por el aire hacia otras zonas.
La posibilidad de que esto ocurra depende de muchos factores. Influyen la velocidad y dirección del viento, la humedad, la temperatura, el tamaño de las gotas, la altura desde la cual se aplica, el equipo empleado y las características del producto.
Por eso, un productor puede no haber aplicado glifosato en su yerbal y, aun así, existir la posibilidad de que una aplicación cercana alcance parcialmente su establecimiento.
No es la única vía posible. Determinados compuestos también pueden desplazarse por escurrimiento después de lluvias intensas, movilizarse junto con partículas del suelo o alcanzar cursos de agua que atraviesan distintas propiedades.
Esto no significa que una aplicación convencional contamine necesariamente el campo vecino. Para hablar de contaminación efectiva debe comprobarse la presencia del compuesto mediante análisis. Pero desde el punto de vista técnico, el movimiento de productos fuera del lugar de aplicación es posible y está ampliamente reconocido en agricultura.

El problema adquiere otra dimensión cuando se trata de yerba mate orgánica certificada.
La producción orgánica argentina posee una regulación específica y no admite el uso indiscriminado de productos químicos de síntesis permitidos en agricultura convencional. El productor debe mantener condiciones de producción compatibles con la certificación y reducir también los riesgos provenientes del entorno.
Aquí aparece una dificultad evidente. Un productor puede controlar exactamente qué productos utiliza dentro de su chacra, pero no tiene el mismo control sobre las decisiones de un establecimiento lindero.
Por eso, en sistemas orgánicos se consideran medidas como barreras vegetales, separación entre cultivos, controles de agua y suelo, conocimiento de las actividades desarrolladas en terrenos cercanos, registros y, cuando existe una sospecha, análisis de residuos.
La modificación legal de Misiones no establece una franja única y automática alrededor de cada yerbal que produzca sin agroquímicos en la cual quede prohibida toda aplicación química. Existen regulaciones ambientales, fitosanitarias, restricciones vinculadas con zonas sensibles y exigencias propias de los sistemas de certificación, pero no una protección uniforme que aísle a todos los productores orgánicos o agroecológicos del resto de la actividad agrícola.

¿Es posible la convivencia de dos modelos de producción? 
Este es un desafío para la provincia de misiones. Por un lado, están los establecimientos convencionales que podrán utilizar productos autorizados respetando las condiciones establecidas. Por otro, productores que eligieron cultivar sin herbicidas sintéticos, ya sea por certificación orgánica, por manejo agroecológico o simplemente por decisión propia.
No sería correcto afirmar que la eliminación de la prohibición del glifosato llevará inevitablemente a la contaminación de la yerba mate de Misiones. Pero tampoco puede suponerse que un yerbal libre de agroquímicos constituye una isla completamente separada de lo que ocurre algunos metros más allá.
La deriva existe. El movimiento de sustancias a través del agua y del suelo también puede producirse.
De ahora en adelante habrá que mirar no sólo qué productos se autorizan, sino cómo se aplican, a qué distancia, bajo qué condiciones meteorológicas, qué barreras existen entre establecimientos, qué controles se realizan y quién protege al productor que decidió no utilizarlos.
La otra pregunta es: qué implica todo esto para la salud de todos nosotros

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