Los maleducados

“Maleducados no, porque en su casa seguro lo educaron bien” –resonaba en nuestros oídos cada vez que una vieja, quizás de cincuenta, le gritaba a un grupo de borregos mal apalabrados. Casas y madres eran instituciones de las que nadie dudaba, más que de las iglesias, diría blasfema. Curiosamente, construir un hogar, mantenerlo, sentirse en condiciones de ser madres y padres, es un escenario complejo de abordar en nuestra sociedad, tal y como se manifiesta hoy. Estamos un poco desbocados, desmadrados… yo misma me volví maleducada.
Rápidamente y a flor de piel suelto algún improperio, “como madre ya no tengo… con la tuya me entretengo”, ¡acabo de pensar! En chiste, en serio, una vez que permitís que los improperios salgan, como juego, como descarga de enojo, ya no pueden parar. Tanto es así que lo he hablado con amigos, y en el trabajo me lo han señalado para mi vergüenza, porque no solo me lo enseñaron, sino que mi madre y mi padre vivieron trabajando con palabras y a mí misma, la palabra me da de comer todos los días.
Una irrespetuosa, diría mi madre (hermosa palabra).
Claro, nadie me reta hoy, soy yo la que decide. En mis manos está poner freno a la palabrota que es violencia y que hoy tiene habilitada la compuerta. Usamos las palabras para la destrucción del otro. Pero los maleducados por enojo, esos que nos volvimos desbocados de bronca, ante las injusticias, ante el todo vale, podemos volver a nuestro cauce por nuestra propia paz y por los demás. Porque las palabras son pensamiento, y lo primero fue la palabra.
Y cuando deseás cambiar y estás atento, la respuesta en forma de palabra aparece:
Tengo una cajita donde van las llaves, gomitas de pelo, chicles, etc. Cada tanto me toca limpiar. Me encuentro ahí con un papelito cuadrado, doblado en mil dobleces. Un misterio. Tiene una frase escrita con letra desconocida. Recuerdo cuando lo abro que lo retiré de una canastita en un local el verano pasado, en la playa, y leo: “Fija tu atención en vos mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas, y haces”. Gracias, papelito, me salvaste.

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