Observa tu respiración y pon atención a su recorrido. En ese interín comprobarás como se encuentran las tensiones musculares y los puntos donde se sitúan las marcas del estrés. Durante esta pausa vas a conectar con una sensación muy poderosa: tu presencia. El registro de la presencia compromete el reconocimiento de cada partícula material o sutil de tu propia geografía, desde el centro a la periferia y desde la periferia hacia afuera. Hay tensiones que, a lo largo de tu historia fueron creando dolores físicos, emocionales, posturas desequilibrantes que, en algunos casos, se transformaron en corazas musculares. Se trata de nudos asentados durante mucho tiempo activados ante emociones reprimidas o situaciones estresantes. Para defenderse contra esos dolores, el organismo se contrajo, y, si esa contracción se repitió en el tiempo, pues generó un estado de tensión crónica creando una “armadura” e impidiendo la circulación libre de la energía.
Las corazas tienen una cara corporal y otra psíquica. La primera constituida por una red de tensiones musculares y la segunda por frustraciones, impactos emocionales negativos, muertes inesperadas, accidentes, etc. Como las respuestas espontaneas se hayan obturadas, como efecto de ciertos impactos y heridas, las expresiones más genuinas permanecen anestesiadas mientras el cuerpo va perdiendo su elasticidad natural. Algunas de estas corazas se fundan bajo creencias aprendidas como “hay que saber dominarse”, “no se puede demostrar el miedo si se quiere ser valiente”, “no hay que dejarse llevar”, “no hay que llorar porque eso implica vulnerabilidad”, “hay que callar y aguantar”.
Habitar estas tensiones ayudará a explorar viejas sensaciones navegando entre el presente y el pasado con la intención de ir desempolvando aquello que en tu historia ha producido estrés y hoy se está repitiendo. Por ejemplo, no es lo mismo padecer una coraza laríngea, es decir nudos situados en la garganta producto de expresiones calladas, que corazas oculares por uso excesivo de miradas controladoras. El propósito es comprender por qué has reprimido la voz o has tensionado tu mirada y así ayudarte a calmar esas tensiones con herramientas específicas. Existe un abanico de posibilidades para aliviarlas si estás dispuesta/o a habitarte, solo es necesario animarte a soltar esa zona con movimientos concretos; por ejemplo observar qué situaciones de la vida las reeditan y actuar de alguna manera. Cuando te comprometes con esto lo que te aconsejo es darte un tiempo para ubicar, donde la sensación corporal, la tensión, luego investigar por qué se instaló allí y finalmente elegir el modo de desanudar. Lo que aquí te ofrezco es conectar con la zona de manera tierna, sin auto reproches o ansiedades. Porque allí hay algo que cree defenderte, es decir te protege de emociones intensas, o de imágenes que supone desestabilizantes. La bioenergética invita a sacar los velos del miedo y buscar encontrarse con eso intenso que develará otro relato de tu historia, y quizá sea mucho menos tremendo en relación a lo que la mente representaba. Entonces, a observarse, aquietar el cuerpo y la mente, evitar el estrés y desanudar esas zonas que acorazan sentimientos, posibles umbrales para la gestación de lo nuevo.



