El tiempo libre

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Durante muchos años aprendí que se llama ocio al tiempo libre y que aparece como una actividad que no es mi trabajo rentado ni las tareas domésticas u otro tipo de ocupación asociada con todo aquello que “debo hacer”. Hoy, en esta etapa de recogimiento, donde estamos viviendo una transformación en los hábitos cotidianos, el uso del tiempo libre merece un espacio y atención destacada. Una de las frases que me ha resonado cuando evoco la idea de tiempo libre es aquella que aprendí de la lectura del Tao y que dice: “El Tao es inactivo, pero no deja nada por hacer” o dicho de otra manera “No hagas nada y todo se hará”. Esto se contradice con algo que alguna vez he escuchado: «si haces nada te convertirás en alguien perezosa y no eres productivamente eficiente”. Hay muchas maneras de interpretar estas palabras de Lao Tse, escritas hace 2500 años, una de ellas es meditar sobre la valoración del tiempo cuando las circunstancias nos proporcionan una época “no productiva” y abre espacios amplios, “vacíos” o llenos de “nada”. Ocurre hoy o ha ocurrido por imprevistos como accidentes, enfermedades o despidos laborales y, en cada una de estas instancias, hubo que detenerse para reestablecer hábitos. “No hagas nada y todo se hará”, ¿Cómo resuena, hoy? Puedo acercarles dos percepciones, una dirigida a aquellos o aquellas que no pueden continuar con sus trabajos habituales porque implican quebrantar las medidas sanitarias en tiempos de pandemia y otra percepción dirigida a quienes virtualizaron su tarea laboral y permanecen adosados a computadoras o celulares muchas horas al día. En el primer caso, la reorganización de hábitos incluye tres aspectos interesantes para considerar: incorporar nuevas rutinas con cierta disciplina y visualizar el Ser creativo que todos llevamos dentro. La incorporación de ejercicio físico vía internet con clases que hoy hay por doquier es una buena idea para soltar las tensiones que esta nueva realidad ha sumado, la clave es transformarlo en hábito y al cabo de varios días se podrán advertir los efectos. Sin embargo, lo más difícil de cultivar es la generación de otro tipo de hábitos, muy diferentes a los conocidos. En mi caso, el uso saludable de las nuevas tecnologías me permitió escuchar audiolibros, práctica que no era común en mi cotidianeidad o presenciar charlas interesantes virtuales. Momentos de placer que me relajan y encuentro disfrute. 

Me han llegado voces alarmantes de quienes han sido acaparados por el aluvión de la exigencia laboral mediante todos los sistemas cibernéticos. Sus padecimientos se evidencian en su musculatura superior, cuyos tendones se han convertidos en verdaderos atolladeros de nudos. Y esa maraña no es más que el resultado de muchas horas sentada o sentado frente a la computadora o a la constante atención sobre el celular. En estos casos es muy necesario recurrir a la cuota de libre albedrío sobre la organización de la tarea laboral y, respetando esa posibilidad hacer pausas entre los ciclos de conexión tecnológica. Para ello es muy necesario llevar el registro del cuerpo cuando estamos “conectados” y advertir la voz del cuerpo cuando comienza a dar signos de cansancio. No es habitual escucharla porque el cuerpo entre como en una especie de succión que el sistema virtual aspira.

Dice Alexander Lowen en su libro La espiritualidad del cuerpo “la sensación subjetiva de salud es un sentimiento de animación y deleite en el cuerpo, que aumenta en los momentos de alegría (…) La salud se manifiesta objetivamente en la gracia de los movimientos del cuerpo, en la brillantez o esplendor corporal y en la elasticidad y calidez del cuerpo”. Aprovechemos esta oportunidad para ir hacia allí ¿Cómo? Escuchando mucho la voz del cuerpo…

Alejandra Brener 
Terapeuta corporal bioenergetista
espacioatierra@gmail.com
/ Espacioatierra-Bioenergética

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