El poder de la sustancia no reside en la materia, sino en su estructura

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Uno de los principios fundamentales de la homeopatía es que la enfermedad, como tal, es una «no entidad» y no puede por tanto ser considerada como algo expurgable mediante sangrías o extraíble mecánicamente del organismo del paciente. Se trata, por el contrario, de «una aberración con respecto al estado de salud».

A diferencia de la medicina oficial, que tiende a considerar un número «finito» de síntomas y estados patológicos, Hahnemann sostenía que la gama de éstos es infinita: de ello deducía que los remedios correspondientes con la máxima aproximación a tales «aberraciones» eran también infinitos.

Desde los orígenes de la homeopatía, los médicos han realizado «pruebas» de remedios, en otras palabras, han administrado a hombres y mujeres sanos ciertas sustancias refiriendo luego sus efectos y así han ido añadiéndose nuevos medicamentos a la farmacopea homeopática.

El descubrimiento más sorprendente de Hahnemann fue la constatación de que el efecto de un medicamento es inversamente proporcional a su cantidad.

Para crear un remedio según las normas formuladas por Hahnemann, se toma un grano (0,0648 g) de una determinada sustancia, se mezcla con diez partes de una sustancia neutra como alcohol puro, agua o azúcar y el compuesto se mezcla mediante agitación realizada de forma preestablecida. La medida resultante recibe el nombre de potencia 1. Cuando se une una parte de tal medida con diez partes del excipiente neutro, diluyéndolo como se ha indicado arriba, se obtiene la potencia 2. Cada vez que se repite dicho proceso, la potencia aumenta en una unidad hasta 100.000. consecuencia, los homeópatas se basan para sus actuaciones en el principio el cual cuanto más pequeña es la cantidad de medicamento presente en la sustancia, tanto más «potente» es su efecto. Ello no obstante, resulta fácil constatar que si la operación se repite seis veces (potencia 6) queda una parte de sustancia por millón. Por consiguiente, el descubrimiento de Hahnemann consistía en que el poder de la sustancia no reside en la materia, sino en su estructura, y que cuanto más se elimina la materia, tanto más aumenta el poder de la estructura. Éste es el aspecto cuya comprensión entraña mayores dificultades para personas con una educación convencional y que, viviendo en la sociedad actual, están acostumbradas a pensar que la eficacia se mide por cantidad o volumen.

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