El poder creativo

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Perderse por un rato, habitar cierto desorden interno, eso que comúnmente se llama locura, puede ser el tránsito para reconocer la creatividad dentro de nosotros. Animarse a transitar el viaje que lleva a hacer contacto con el vacío interno es un tránsito audaz hacia la incertidumbre y al tesoro más valioso de la creatividad: lo desconocido. Los chinos llaman “Te” a la entidad oculta, invisible, que nos trajo a la vida. Es aquello que nos cultiva, que le da un poder mágico a la existencia, que la cría y la instruye hacia la individualidad, que la completa y prepara para los misterios y la incertidumbre del devenir. Solo es necesario entregarse a aquello que no controlamos y para eso una de las sugerencias es permitirse contemplar el mundo. La creatividad requiere de una inspiración que dé rienda suelta a la imaginación, que suponga una disposición flexible ante aquello que aparece. Esto significa estar abierta o abierto a los recursos que ofrece el entorno. Y con todo esto explorar el modo de darle gracia personal. Inspiración para crear y para vivir. Ambas surgen
internamente sin esfuerzo o voluntad; sin embargo, no siempre van juntas. Para poder inspirar creativamente es necesaria una cualidad que todos llevamos dentro: “la contemplación”.
La percepción del silencio interno es vital para advertir el encantamiento de la contemplación, pues al despertar la quietud dentro de sí, nos sentimos unidos, unidas, a todo lo percibido, y es ahí cuando se produce esa simultaneidad en la que el adentro y el afuera funcionan en una perfecta correspondencia.
La práctica de la contemplación sería algo así: observamos los objetos hasta que vemos que cada uno de ellos tiene una íntima conexión con nuestro mundo interno, entonces se produce un simple reconocimiento, como si descubriéramos ese lugar o esas cosas por primera vez.
En ese instante, el de la inspiración, surge como un apetito por conocer lo que yace tras las apariencias. Algunos lo advierten como un estado de elevación gozosa y se apoyan en una respiración regulada, concentración de la mente y el cuerpo y devoción a ese espíritu creador.
Es un instante sutil y de gran poder en el que la onda del inspirar se hace cuerpo.
Se crea una unidad con el lugar, sin separación entre quien contempla y lo contemplado, y se descubre lo que siempre estuvo presente: el ámbito sagrado de la unidad total.
En medio de entornos conocidos, de lo habitual, parece difícil contemplar porque la costumbre nos crea la ilusión de estar cómodos, cómodas. Sin embargo, encierra una trampa: nos mecaniza.
La contemplación rompe este proceso mecánico; nos otorga la magia de vivir lo nuevo. Un aire que renueva y vitaliza. Si existe bullicio interior o maquinaria mental, es más difícil vivir la contemplación.
Para contemplar hay que atravesar el silencio, respirarlo. Una ruta que abre espacios en la mente para lo diferente y habilita el registro de sí mismo para que emerja el acto creativo. La inspiración es un aliento divino y se realiza en aquel instante en que se unifica el espíritu que le da forma junto a la realización de esa forma.
Las ideas creativas no surgen de la nada, emergen del espacio profundo que se genera en nuestra anatomía conceptual. De repente, y sin previo aviso, una chispa se enciende en algún lugar de nosotros y sentimos la inspiración. Este es un momento oportuno para buscarla.
Tiempo libre y relax una combinación maravillosa para el proceso creativo.

Por Alejandra Brener

Lic en Ciencias de la Educación
Terapeuta corporal bioenergestista
alejandrabrener@gmail.com
Facebook: Alejandra Brener Bioenergética
instagram: @espacioatierra

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