De lo bueno, poco: el hierro

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Es considerado uno de los minerales esenciales, y en verdad lo es, ya que juega un papel fundamental en el transporte del oxígeno desde los pulmones hacia los glóbulos rojos (hemoglobina), que a su vez lo llevan al resto de los tejidos. Sin embargo, el exceso de hierro puede producir síntomas graves, como el aumento de las oxidaciones celulares con producción de radicales libres del oxígeno que dañan a las células y favorecen el envejecimiento.

Muy a menudo se relaciona al hierro con la anemia, como comúnmente se llama a la disminución de los glóbulos rojos en la sangre, lo cual se demuestra con un sencillo análisis de su recuento (hemograma).

Sin embargo, la anemia, con sus síntomas de cansancio físico y mental, falta de aire, desregulación de la temperatura corporal (sensación de frío), disminución de la resistencia a las infecciones y del crecimiento corporal en los niños, suele deberse a una desnutrición (por carencia de vitaminas del grupo 8 y minerales como cobre y zinc) más que a una carencia exclusiva de hierro.

¿Por qué decimos esto? En primer lugar, porque el hierro está presente en muchos alimentos, tanto de origen animal como vegetal; en segundo lugar, porque es rara la pérdida de hierro: salvo en el caso de hemorragias o de enfermedades crónicas normalmente se elimina -por materia fecal- sólo un miligramo por día.

El hierro es uno de los minerales que el organismo «ahorra», justamente debido a su importancia: la vida media de un glóbulo rojo maduro, capaz de realizar el trasporte de oxígeno, es de tres meses; pasado ese tiempo, el hierro se recicla y resintetiza nueva hemoglobina.

ENTONCES, ¿POR QUÉ

EXISTEN TANTAS

PERSONAS  CON ANEMIA?

El problema está en los cofactores, en aquellos nutrientes capaces de favorecer la absorción del hierro de transportarlo a los depósitos, de incorporarlo a la hemoglobina de los glóbulos rojos.

Y estos elementos son la vitamina C, que mejora la absorción intestinal, sobre todo del hierro de los vegetales; las vitaminas 86,89 y 812, y minerales como el cobre y el zinc que mejoran su uso por el glóbulo rojo.

FAVORECEN LA INCORPORACIÓN DEL HIERRO:

• La acidez gástrica y la Vit.C.

• Las vitaminas B6, B9 y B12.

• Cantidades adecuadas de proteínas para producir los transportadores:       

Ferritina y transferrina.

• Minerales como el cobre, zinc, cobalto (vitamina B12).

• En los bebés, la presencia de lactoferrina en la leche materna favorece la absorción.

INTERFIEREN EN LA

INCORPORACIÓN DEL HIERRO

• Aumentos de fibras y salvado en los alimentos -NO de los cereales y harinas integrales.

• Ingesta de té negro o café después de comer -contienen taninos- NO así las infusiones de hierbas que mejoran la incorporación del hierro.

• Exceso de espinaca y acelga, que aunque son ricas en hierro contienen oxalatos que impiden la absorción.

• Lo mismo sucede con las lentejas y su contenido en polifenoles.

• La causa más importante de anemia son las hemorragias, a veces no detectadas -microhemorragias de encías o intestino- y la falta de conutrientes.

¿EN QUÉ GRUPOS ES NECESARIO INCORPORAR MAYOR CANTIDAD DE HIERRO?

Existen algunas situaciones que deben ser controladas para verificar si realmente hay una carencia de hierro en los alimentos o dificultades en su absorción: en estos casos, lo mejor es solucionar antes los problemas y luego recurrir a alguna suplementación:

• Bebés de cuatro meses: al dejar a tomar la leche materna que contiene lactoferrina -enzima que favorece la incorporación del hierro-, y pasar a la leche de vaca, pobre en hierro, puede producirse una disminución en el aporte.

• Niños de tres años: a esa edad aumenta la velocidad de crecimiento y las necesidades de transporte de oxígeno.

• Adolescentes: por aumento de la masa corporal en los varones, y por el comienzo de las menstruaciones en las niñas.

• Mujeres en edad fértil: por metrorragias o menstruaciones prolongadas; el uso del DIU suele aumentar las pérdidas: el hemograma de control debe realizarse antes de la menstruación para ver la recuperación.

• Embarazo: por utilización fetal del hierro; se compensa con un aumento de la absorción materna; también sucede al final de la gestación, para cubrir las necesidades del recién nacido a través de la leche materna.

• Ancianos: por enfermedades inflamatorias crónicas, artrosis, ingesta de aspirina, lesiones intestinales no detectadas, disminución de la producción de proteínas transportadoras.

Fuentes: la levadura, los hongos secos, el sésamo y el lino, el perejil y las hojas verdes, el mijo, la yema cruda, los damascos y los higos secos; al cocinar en cacerolas de hierro, además de darle otro sabor a las comidas, se incorpora hierro fácilmente asimilable a los alimentos.

INCONVENIENTES

DEL EXCESO DE HIERRO

La intoxicación aguda suele ser un accidente: produce síntomas graves como diarreas sanguinolentas, que deben ser tratadas con rapidez.

Los suplementos de hierro, tomados durante más de tres meses, pueden lesionar la mucosa intestinal y originar pequeñas pérdidas de sangre, difíciles de detectar, pero que pueden continuar después de suprimido el hierro, agravando la anemia.

Por eso no se aconseja la incorporación de leche suplementada con hierro, ya que la leche disminuye la acidez gástrica y carece de vitamina C, lo que dificulta la absorción de hierro; el exceso de hierro, por su parte, interfiere en la absorción de otros minerales importantes como zinc, cobre y magnesio, que son muy necesarios en los niños.

De todas formas, esta leche no suele llegar a los niños verdaderamente necesitados, ya que es bastante más cara.

También corremos el riesgo de provocar una enfermedad hereditaria, la hemosiderosis, con depósitos de hierro en hígado, cerebro y bazo.

Dra. Elba Albertinazzi

del libro Alimentos para la salud

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