Algas: El mar, origen de la vida

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Millones de años de erosión han enriquecido el mar con gran abundancia de minerales necesarios para la vida. Las verduras marinas contienen entre diez y veinte veces más minerales que las terrestres, aunque ambas aportan grandes cantidades de calcio, hierro, potasio, yodo y magnesio, y en menor cantidad los llamados oligoelementos, que se necesitan en cantidades mínimas pero sin los cuales ciertas funciones esenciales del cuerpo no se pueden realizar.
El yodo es muy difícil de obtener de otra fuente que no sea el mar. Y las algas lo proveen en suficiente cantidad como para prevenir el bocio, una hipertrofia de la glándula tiroidea.
Las algas Kombu, arame, wakame e hiziki contienen ácido algénico, que absorbe y expele las sustancias radiactivas y los metales pesados del cuerpo. Las algas ayudan a equilibrar la condición hiperácida de la sangre. Su abundancia de minerales produce en la sangre un efecto alcalinizante y además depura nuestro sistema al eliminar los efectos ácidos propios de la dieta moderna. Consumirlas en pequeñas cantidades favorece la digestión y la asimilación de los nutrientes. Las algas son un alimento valiosísimo. Y son especialmente importantes para los que están intentando el gran cambio de vida macrobiótico, porque ayudan a eliminar las toxinas que quedan en nuestro cuerpo por haber consumido muchos productos animales.

 Riquezas marinas Alga Nori

Es una de las más ricas en proteínas y contiene grandes cantidades de vitaminas B1 y C, sobre todo, vitamina A. Puede disminuir el colesterol en el cuerpo porque ayuda a la disolución y eliminación de depósitos grasos.
Hay mucha diferencia entre distintas hojas de nori, tanto en precio como en calidad. Una de buena calidad es quebradiza y brillante; la de calidad inferior puede ser púrpura, flácida y desigual. Se la puede teñir artificialmente y tamizar químicamente.
La forma más sencilla de consumirla es tostándola arriba de la llama de gas: se La sostiene a unos 25 centímetros de la llama, con el lado brillante mirando hacia arriba y moviéndola durante unos pocos segundos. Al mirarla a trasluz debe adquirir un leve tono verdoso.
Es una fuente excelente de aporte de vitamina A, muy buena para los problemas de visión. Se aconseja usar de media a una hoja diaria.

 Alga Kombu

Es rica en ácido algénico que por su naturaleza indigerible y sus cualidades de ligazón, actúa como un limpiador natural de los intestinos al juntar las toxinas en la pared del colon y permitir su eliminación en forma natural. También fortalece los intestinos.
Es rica en ácido glutámico, que tiene la habilidad de ablandar las fibras de otros alimentos. Por eso siempre hay que cocinar las verduras con alga kombu: no solo las ayudará a tiernizarse y cocinarse más rápido, sino que también les añadirá valiosos nutrientes e incrementará la digestibilidad del plato en general.
La misma kombu se vuelve más suave cuando se cocina con alimentos ricos en proteína. Además del dulzor ácidoglutánico, contiene dos azúcares simples, la fucosa y el manitol, fundamentales para los diabéticos porque no aumentan el nivel de azúcar en sangre. Es beneficiosa contra la hipertensión. Favorece la absorción equilibrada y la distribución de los nutrientes del cuerpo, y a las personas con exceso de peso o excesivamente delgadas las ayuda a recuperar su peso normal.
Los beneficios de la kombu son tantos, que un científico norteamericano escribió hace más de cincuenta años: Se sabe que de los catorce elementos esenciales para las funciones metabólicas del cuerpo humano, trece existen en la kombu.
Es imprescindible para cocinar todas las legumbres (porotos aduki, lentejas, garbanzos y cualquier otra clase de poroto). Al principio de la cocción, se agrega un trozo de más o menos dos centímetros de esta alga, que termina tiernizándose junto con las legumbres.
Queda muy bien en diferentes platos. Yo preparo habitualmente una crema de calabaza o zapallo a la que le agrego alga kombu para ayudar a desacidificar la calabaza. Sirve como untable para pan o galletas y es muy rica.

“Macrobiotica para todos” de
Perla Palacci de Jacobowitz

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