Agua y líquidos corporales

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Nuestro cuerpo está formado en un 60 – 70% de agua. Tan importante es el agua, que podemos vivir bastante tiempo sin alimento, pero sólo unos pocos días sin agua.

El agua tiene una composición química muy sencilla: dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. Sin embargo, su estructura le permite realizar una serie de funciones relacionadas con las cargas eléctricas de las otras moléculas, puede actuar como disolvente biológico, etc.

Las células contienen la mayor cantidad de agua y el resto se reparte entre el plasma y la sustancia intercelular: todas las células del organismo están rodeadas por la sustancia intercelular compuesta por colágeno y agua, a través de la cual se realizan los intercambios metab61icos, el transporte de sustancias del interior al exterior y viceversa, y también entre las distintas células.

El agua contenida en el organismo proviene de tres fuentes distintas:

-el agua bebida,
-el agua de los alimentos,
-el agua formada por las oxidaciones metabólicas.

El agua es necesaria para el mantenimiento de la salud: a través del agua contenida en la sangre se realiza el transporte de los nutrientes y la excreción de los desechos metabólicos, que son llevados al hígado, al intestino, al pulmón, a la piel ya los riñones.

Diariamente eliminamos alrededor de dos litros y medio de agua por la orina, la transpiración, la respiración y la materia fecal. Esas cantidades deben reponerse, ya sea a través de los alimentos, o bien por el agua que se bebe.

Uno de los órganos más importantes involucrados en el equilibrio hídrico es el riñón: él regula la eliminación del agua sobrante excretando la que no es necesaria: para ello diluye la orina.

Este mecanismo es fundamental, ya que con él se ayuda ala eliminación de los desechos y se impide la formación de los cálculos o de la «arenilla» renal.

Por la orina se eliminan también otros metabolitos, como la urea, derivada del metabolismo de la carne: por lo tanto, las personas que consumen muchos productos animales harían bien en aumentar la ingesta líquida, pero no en el momento de las comidas, para evitar la dilución del jugo gástrico, necesario para la digestión de las fibras proteicaso

La piel es otro órgano que muchas veces no es tenido en cuenta cuando calculamos las pérdidas de agua: por un lado, el ejercicio físico que aumenta la transpiración, aumenta las necesidades, tanto de agua como de minerales, por eso es aconsejable reponerlos con jugos de fruta o caldos: no es necesario que sea en el mismo momento, sino que puede ser tanto antes como después del esfuerzo.

El calor aumenta las pérdidas cutáneas, lo cual puede darse tanto por la estación del año, verano, como por la calefacción excesiva que hay en algunos ambientes.

La fiebre también debe tenerse en cuenta: se calcula que la pérdida de agua aumenta en un 13% por cada grado de elevación de la temperatura corporal.

Los alimentos deben proveernos la cantidad que nuestro organismo necesita en condiciones normales: si comemos alimentos que tengan abundante cantidad de agua, como las frutas y las verduras, con pocos condimentos y sin sal, no necesitaríamos beber demasiado líquido, porque no tendríamos sensación de sed.

Sin embargo, en esta vida civilizada, se agudiza la necesidad de beber, un poco quizás por la publicidad que nos induce a comprar y a utilizar determina- dos tipos de bebidas, no siempre buenos para nuestra salud.

El agua es la mejor bebida: debe ingerirse fresca, no helada; asimismo, debe tomarse a sorbos, no de golpe; y si desea un efecto más beneficioso, será bueno agregarle el jugo de un limón por cada vaso de agua que tomamos a lo largo del día.

Como el agua se utiliza para «lavar» los metabolitos de la sangre, es frecuente escuchar que se dice que hay que tomar hasta tres litros de agua por día: debemos ser cuidadosos con estas cantidades tan elevadas, sobre todo en personas de más de cincuenta años, ya que estamos sometiendo a los riñones aun trabajo de filtrado excesivo.

Es verdad que el riñón elimina el agua, pero también es cierto que la mayoría del agua filtrada debe reabsorberse en el mismo riñón; si aumentamos demasiado la cantidad puede forzarse esta tarea y provocar inconvenientes: por eso es mejor consultar con el profesional, y cuando hacemos el recuento de los líquidos diarios, no debemos olvidar los que ingerimos entre las comidas, o los que corresponden a las frutas y las verduras, que contienen un elevado porcentaje de agua.

Si por cualquier motivo (el ejercicio físico, la temperatura o por trabajar en ambientes con aire acondicionado o calefaccionado) tenemos sed, lo indicado entonces es beber agua. Claro que en la ciudad tenemos el problema de las cañerías, que pueden ser de plomo o de cobre, y entonces esos minerales son arrastrados por el agua; también hay exceso de cloro en las aguas potabilizadas: por todo ello es aconsejable utilizar un filtro.

El líquido necesario también puede ser aportado por tisanas o tés de hierbas, sopas de vegetales, jugos o licuados de frutas. Las sopas o caldos hechos con vegetales tienen la ventaja de contener una buena cantidad de minerales extraídos de las mismas verduras. .

Los jugos de frutas, hechos con la juguera o con el extractor de jugos, carecen de fibras: son ricos en vitaminas si están recién hechos. Los licuados, en cambio, poseen vitaminas, minerales y también las fibras, que favorecen una buena eliminación intestinal. Es aconsejable el uso de tisanas o tés de hierbas: el famoso mate, que muchos naturistas desaconsejan, puede ser reemplazado con éxito por una porción de yerba mate y una mezcla de hierbas que puede variar: hierbas colagogas, digestivas, diuréticas, sedantes, etc.

Sin embargo hay procesos que, sin ser patológicos, pueden hacer necesario que deba aumentarse la cantidad de líquidos, y es la edad: se debe controlar a los ancianos en la cantidad de líquido que toman diariamente para evitar ese grave problema que es la deshidratación.

Las personas mayores son menos sensibles a la sed, por eso es aconsejable que se acostumbren a beber un vaso de agua a determinada hora del día. Muchas veces, por no levantarse a la noche o por no molestar a la persona que los cuida, dejan de beber agua; otras veces toman medicamentos que, como los diuréticos, aumentan la excreción y entonces es necesario controlar la cantidad de líquido que ingieren a lo largo del día.

Si se desea beber, es mejor hacerlo media hora antes de la comida, para evitar la dilución de la acidez del jugo gástrico (sobre todo en los ancianos, donde ya de por sí, está disminuida) o esperar una hora y media, para que el estómago se haya vaciado: el agua es capaz de absorberse en el mismo estómago.

Siempre es conveniente evitar las bebidas excitantes: té, café, mate; las alcohólicas en cantidad y las gaseosas, jugos industrializados y bebidas con edulcorantes, ya que producen una pérdida de minerales en el organismo.

Dra. Elba Albertinazzi
“Alimentos para la salud”

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