Varones y trastornos en la conducta alimentaria

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La anorexia y bulimia afectan mayormente a las mujeres pero los varones no están exentos de padecerlas. En la década de los ´90, el 99% de las personas en tratamiento eran mujeres. Esta tendencia se fue revirtiendo, dado que los hombres empezaron admitir que sufrían estos trastornos. Actualmente, entre el 10 y el 15% de los hombres padecen trastornos alimenticios, un porcentaje que se ha incrementado notablemente en los últimos diez años.
En cuanto a los síntomas de la enfermedad, los hombres y las mujeres lo manifiestan de la misma forma.
En algunos casos el hombre tarda más tiempo en detectarlo ya que, popularmente, se cree que son trastornos que se dan solo en las mujeres. Los varones también se dan atracones, vomitan, hacen ejercicio en exceso, evitan los horarios de comidas, aumentan su preocupación por tener una alimentación sana, etc. La Vigorexia, una obsesión patológica por un cuerpo perfecto y musculado, afecta en un 90% de los casos a los hombres. Las víctimas de esta enfermedad sufren una preocupación excesiva por su cuerpo, convirtiéndose en el principal objetivo de su vida y que es el reverso de la Anorexia Nerviosa (siempre verse flacos, temor a tener los músculos).
Cuando profundizamos acerca del origen de los trastornos encontramos que son multicausales. No cualquier persona puede padecer anorexia nerviosa o bulimia nerviosa. Hay varios factores que influyen, como la herencia genética, la aprendida (características que surgen del seno familiar, por ejemplo, ciertas conductas, costumbres, gustos, preferencias a la hora de comer), los grupos de pertenencia y de referencias y la autoestima, la fortaleza interna, las crisis vitales y más. Hoy es un prejuicio pensar que estas acciones son típicas de las mujeres. No tiene que ver con el género. Quienes lo padecen son personas que buscan: amor. Esto no significa que sean carentes de amor o que sufran una decepción amorosa en su vida, no pueden recepcionar ese amor que les rodea. Ese conflicto en su vida, no lo pueden explicar. Tienen miedo a crecer, a estar solos/as. Están insertos en ámbitos sociales, pero en el interior viven una pesadilla a escondidas y sufren. Sufren sin poder hablar. Y sus palabras son sus síntomas. Su dolor se expresa callado a través de su negativa a comer o sus atracones. Estas enfermedades son llamados de atención. Están asociadas con la imposibilidad de comunicar aquello que le sienten. Es por ello que quienes padecen estos trastornos entran en un círculo de culpa, quieren salir solos de esa situación y por eso no se comunican, y allí es donde se encuentra la raíz del problema.
En cuanto a determinados patrones sobre las personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria es que quizás nunca hayan tenido una alimentación adecuada. En muchos casos observamos que desde pequeños se han privado de alimentos (niños restrictivos), se han especializado en algunos (niños selectivos) o han comido de manera sobreabundante (niños obesos). Es por ello, que cuando ingresan a ALUBA, a muchos les tranquiliza que un grupo de profesionales controlen sus ingestas y que sus familiares y amigos los ayuden a que se cumplan.
Comenzar un tratamiento es fundamental para empezar a expresar, para poner palabras lo que una persona padece, pues ese es uno de los mayores conflictos que tiene la persona, y es también una de las principales estructuras de las que se basa la enfermedad para seguir oculta. A través del tratamiento también se intenta generar una nueva relación con la comida, que implica perderle el miedo, conocer de qué alimentos no se puede prescindir, cuál es el mejor plan alimentario para este momento de la vida de cada uno. Además se los acompañan con grupos multidisciplinarios para reconocer la enfermedad en todas sus dimensiones. Es muy importante que quien está en tratamiento no se sienta solo, para ello es que se conforman diferentes grupos de pares
El rol que cumplen los familiares, parejas, hijos, amigos, es de suma importancia para que el tratamiento sea efectivo. En el caso de los padres, no cuentan con un manual que enseñe como educar, proteger y guiar a sus hijos. Pero, si se toman el tiempo necesario, seguramente podrán sentarse junto a sus chicos para que ellos hablen y puedan transformar en palabras todo lo que les está pasando, lo que piensan e inclusive lo que les provoca las propias acciones de sus padres, hermanos, amigos o compañeros de colegio. A su vez los amigos son de las primeras personas en detectar los síntomas de los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Para quienes sufren de Anorexia Nerviosa, la negativa a comer hace que se note un descenso en el peso hasta llegar a un bajo peso extremo. Esta es una enfermedad que se hace visible, a diferencia de otras patologías no son fácilmente detectables. Cuando a una persona vive pendiente de su imagen corporal, las dietas y calorías son su mayor preocupación, intenta realizar ejercicios físicos permanentemente, compensar sus ingestas salteando comidas o paulatinamente deja de asistir a eventos, reuniones, grupos de estudios o “olvida” almorzar en el colegio, ya estamos frente a una persona que posiblemente necesite de nuestra ayuda.
Lo más importante en los trastornos de la alimentación es comprender que la persona que los padece no es un ser que intenta llegar a ser un modelo famoso o un atleta de renombre ni es un persona caprichosa y egoísta que no le importa nada, sino que quienes lo sufren son personas comunes que buscan algo tan simple y tan necesario como el Amor.

Por Lic. Marcelo Bregua (Matrícula: 18.179),
Coordinador General de ALUBA (www.aluba.org.ar)

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