Una casa libre de Gluten

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Un verano, de adolescente, me fui de viaje en grupo. Éramos 8 viajantes: 2 varones y 6 chicas. Entre las chicas había una vegetariana y una celíaca. Está de más decir que organizar las comidas no era un tema muy sencillo…

Lo cierto es que en ese momento conocí lo que era la celiaquía y conviví con alguien que la padecía. Con todo lo que eso implica. Y hablo en pasado porque mi amiga debe ser una de las pocas personas a las que se les “curó” la celiaquía. O un día, después de haber vivido toda la vida de otra manera, se entera que nunca fue celíaca (aunque, según sé, la celiaquía no puede curarse) y se lo diagnosticaron mal. ¿Cuándo se enteró de eso? Unos pocos meses después de nuestra vuelta del viaje al Norte Argentino. Y uno de esos días, fuimos a su casa con las chicas que habíamos viajado juntas. Me acuerdo que llegamos a la hora del almuerzo y decidimos salir a comprar algo para comer. Y he aquí que me encontré experimentando algo que me era totalmente nuevo: que había cosas que no podían ingresar en su casa porque su hermana “sigue” siendo celíaca. Entonces aprendí que tener celiaquía y/o vivir con una persona que la “padece” es mucho más que no comer harina, es adaptar la vida a una casa sin gluten.

Vamos a ver qué significa eso.

Cuando una persona es celíaca, debe evitar consumir todas las cosas que contengan gluten, tanto bebidas como comidas y hasta productos de cosmética. Pero eso no es todo: la persona celíaca no puede siquiera cocinar en una sartén que haya contenido algo con gluten. Por eso, hay que prestar mucha atención a la contaminación cruzada. Es decir, con el contacto entre un alimento sin gluten con otro que sí lo contiene.

Cuando suceden esas pequeñas “contaminaciones”, de forma continuada, provocan alteraciones en el intestino de la persona con celiaquía y la dieta deja de ser estricta.

Algunos consejitos:

– Antes de elaborar cualquier plato, se deben limpiar los espacios que se utilizarán. Es preferible que las comidas sin gluten se hagan en otros espacios.

– También es conveniente que los ingredientes que contienen gluten se guarden en otras estanterías y alacenas. Y etiquetar correctamente los alimentos y conservas sin gluten.

– En la heladera y en el congelador, es importante guardar los alimentos sin gluten en tupper o bolsas herméticas separadas de las demás comidas

– Si vamos a cocinar en una misma casa comidas aptas celíacos y  otras que no lo son, es importantísimo prestar atención a los utensilios que usamos y no compartirlos, al igual que los recipientes. Lo mismo funciona para la hora de comer. Es preferible diferenciarlos y en todo caso limpiarlos bien… Pero es mejor no usar los mismos.

– El punto anterior también sirve para todos los electrodomésticos que se usen en conjunto como tostadoras, freidoras, batidoras, etc.

– Si se van a hacer platos sin gluten y platos con gluten, es conveniente preparar en primera instancia aquellos que son para las personas con celiaquía. Al igual si cocinamos pastas con y sin gluten pero o deben usarse los mismo utensilios, como cucharas o cuchillos.

– Para limpiar, usar distintos trapos, esponjas, etc. para los elementos que se usen para comidas con gluten de los que se usen para comidas sin gluten.

– Nunca se puede usar el mismo aceite si se cocinó rebozados con gluten. Y en todo caso, realizarlo al igual que los puntos anteriores y conviene usar distintas freidoras.

– Al tocar un alimento con gluten, asegurarse de limpiarse muy bien las manos antes de tocar otro alimento sin gluten.

– Las mantequillas o mantecas y las mermeladas que se hayan usado para panes o galletas con gluten no pueden utilizarse.

– En un asado, tener la precaución de no juntar en la parrilla los alimentos que puedan contener gluten de los que no.

En síntesis, si vivimos con una persona celíaca o invitamos a un amigo celiaco a casa, tenemos que tener muchas cosas en cuenta. Pero con conocimiento y buena onda no es tan difícil acomodarse a esta realidad Sin TACC.  Adaptarnos a un menú en conjunto donde sea más sencillo para todas las personas es un desafío interesante y muy alentador.

Gisela Medrano
CONVIVIR

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