Un acto de amor

13

Aunque la mayoría de las veces no nos demos cuenta, vivimos relacionándonos a través de actos de amor. Incluso el odio es una graduación del amor.  O por lo menos se lo podría catalogar como carencia de amor, pero seguro que para describirlo tendremos que apelar al amor.

Se podría afirmar que en la vida no existe otra cosa que el amor, que a veces toma distintas formas. Somos nosotros mismos los que no lo reconocemos, o estamos incapacitados transitoriamente para hacerlo. Los casos más espeluznantes que jalonan la historia común de la humanidad, o la historia privada de los pueblos, aquellos que hicieron -o hacen- avergonzar a la mayoría como especie; en el contexto más amplio sólo se pueden resumir como actos donde el amor estuvo ausente.

Muchas veces dijimos desde estas líneas que quienes compartimos esta época (los últimos cien años) somos privilegiados por la enorme cantidad de posibilidades que la vida nos brinda para ver, comparar y elegir. Todos crecemos como conjunto en cuanto al desarrollo mental y espiritual. Y lo que realiza determinado grupo de personas, influye de manera profunda en el resto. Cuando una persona comete un crimen, o cualquier delito, no son las condenas a muerte, ni los años de cárcel los que la redimen. Si se desencadena el proceso interno que la lleva a recapacitar, a comprender que cualquier daño a otro es verdaderamente un daño a sí mismo; cuando verdaderamente entiende que el camino de la felicidad pasa por otro lado y pide sinceramente perdón por haber infringido la Ley del Amor y finalmente se perdona a sí misma; recién en ese momento comprende y se libera. Todos vivimos interactuando, nos miramos unos a otros y sacamos conclusiones.

Cada uno es su maestro y maestro de los demás

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here