Trabajo espiritual: Cuando aparece el maestro…

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A menudo escuchamos hablar de “los maestros”; aquellos que nos sirven de guía para nuestra evolución. Un guía espiritual, a veces aparece y otras veces no, porque quizás no nos sea necesario.

Sin embargo, cuando se trabaja en el camino de la superación con paciencia, sin apuros, con la práctica y una firme voluntad, iremos subiendo peldaños y se producirán los cambios de conciencia necesarios que hacen posible el axioma: Cuando el alumno está preparado, aparece el Maestro. Y ese maestro es justo el que cada quien necesita, el que nos corresponde, el más apropiado para este instante de nuestra evolución. Se trata de que nos convirtamos en buscadores de la verdad y, por sobre todas las cosas, en servidores.

El factor que desencadena todas las respuestas es el trabajo interior. Y hacer trabajo interior consiste en «mirarnos», profundamente, pidiendo conocer la Verdad y que obtengamos Sabiduría. Pero, por sobre todas las cosas, manifestando el Amor que somos. Trabajo interior es estar atentos, vigilar cada actitud que tuvimos durante el día, cómo tratamos a quienes comparten con nosotros la vida, cómo son nuestros pensamientos y cuáles son las metas más profundas que anhelamos alcanzar, aquéllas que tal vez jamás contamos a nadie.

Y trabajo interior es por sobre todas las cosas, discernimiento. Comprender cuándo hacemos bien y cuando no. Y tener la convicción absoluta que no nos corresponde juzgar las actitudes de los demás… Que apenas si podemos juzgarnos nosotros mismos correctamente. Todo esto y muchísimo más es el trabajo interior que desencadena el estado de meditación.

Es conveniente meditar al principio siempre en el mismo lugar y a la misma hora, en un ambiente limpio. Las oraciones purifican el aire de lo que podríamos llamar «ondas mentales negativas».

El Padrenuestro es una oración universal de protección que sirve para todas las religiones. Y no olvidemos pedir la Guía Divina para nuestras acciones.

El tiempo que dure una meditación será de 15 minutos, que de a poco iremos aumentando. Lo importante es que nos sintamos cómodos y que la meditación nos proporcione una sensación de aquietamiento, calma y bienestar. Podemos centrar toda la meditación en un solo pensamiento y las respuestas que vayan surgiendo consistirán en el trabajo interior. Por ejemplo:

• ¿Para qué medito? • ¿Me siento satisfecho con mi comportamiento?

• ¿Qué espero de la vida?

• ¿Me gusta la vida que llevo?

• ¿Qué cambiaría?

• ¿Qué querrá Dios para mí?

• ¿Qué hago para los demás?

• ¿Amo lo suficiente?

No tratemos de forzar las respuestas, sino de lograr que lleguen solas, pidiendo inspiración para resolver cada pregunta.

Meditemos sobre uno o dos temas cada vez, pidiendo la ayuda Divina para ver la verdad de la situación. Y una vez finalizada la meditación, agradezcamos a los seres de luz que acudieron en nuestra ayuda.

Tengamos la certeza que siempre que los invocamos, los Hermanos Mayores (ángeles, santos, maestros) acuden.

No obstante, no esperemos demasiado al principio, ya que se trata de perseverar en el deseo interior de mejorar y las respuestas vendrán con el tiempo.

 

Marta Susana Fleisher

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