Sobre la felicidad

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Pasamos los años viviendo, padeciendo o gozando, pero generalmente ajenos al llamado de lo que podría ser el motivo guía de nuestra existencia. Ocupados con el “ruido”, la “cáscara” de la vida, desoímos a nuestro verdadero ser, que pugna por expresarse y abrirse camino, a pesar de todo. Las energías de amenazas y miedo se confabulan para amordazarnos y conservarnos en un estado de indefensión. Mientras tanto las preguntas clave, trascendentes, continúan sin respuesta: ¿Quién soy?. ¿De dónde vengo?. ¿Cuál será mi destino último?… Ningún libro, ni el consejo del amigo mejor intencionado, podrán acercarnos las respuestas. Ellas llegarán cuando estemos dispuestos a apartar el orgullo intelectual y abrirnos a la voz del maestro interior. Cuando saquemos afuera esa fuerza que contenemos y nos contiene y le demos su lugar de expresión. Cuando llegue ese momento, se disiparán todas las dudas, conoceremos todas las respuestas y estaremos felices. Porque la felicidad no reside fuera de nosotros, la felicidad es un estado de conciencia que no necesita de nada ni de nadie. Podemos comenzar un trabajo que apure ese bendito día. Tendríamos que empezar por ser agradecidos. Darnos cuenta de lo mucho que tenemos. Y de lo que es realmente importante. Cada uno puede encontrar su propia respuesta.
Encontrar la sacralidad en todo: la vida misma es sagrada y se manifiesta en millones de formas, en una gota de agua, en el sonido del viento. Respiremos y entendamos que es una bendición estar vivos para llevar adelante esta persona que somos. Es un honor habitar este cuerpo, y hay que agradecerle porque nos acompaña y nos ayuda a lograr la finalidad última que necesitamos alcanzar. Aunque todavía no sepamos bien cuál sea esa finalidad. Enumeremos los dones con que estamos provistos: una buena voz, alguna capacidad artística, ser buenos amigos, captar lo que otros no pueden; o intentemos descubrir los dones que aún no se nos manifestaron. Y agradezcamos por lo que tenemos y por lo que estamos por descubrir. Y comprendamos que no existe absolutamente nada separado del resto. Todo lo que hacemos influye al entorno y lo que sale de nosotros nos vuelve multiplicado. Ahora retomemos las preguntas que permanecían incontestadas. ¿Quién soy?… Un ser ilimitado que se auto impone sus propios límites. ¿De dónde vengo?… De una gigantesca usina creadora, a quien represento e interpreto a mi manera. ¿Cuál será mi último destino?… El que me corresponda por mérito propio, según mis acciones. Porque si nada necesito para estar feliz, si la felicidad es mi estado interior natural, allí donde me haya ubicado la vida en estos momentos, estoy bien.

 Marta Susana Fleischer

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