Sobre cómo las abejas protegen el bosque de Zimbabue

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En el Este de Zimbabue, la apicultura orgánica se está extendiendo como una fuente alternativa de ingresos. Con ello, se están reduciendo los incendios forestales y preservando los bosques.

Benjamin Chatambura comienza el día inspeccionando sus 250 colmenas esparcidas en una pequeña parcela. “Lo hago para comprobar que no hayamos tenido visitantes no deseados durante la noche, es decir, ladrones. Después, compruebo si hay alguna colmena lista para cosechar”, cuenta el apicultor de 39 años de edad, en voz baja. Sus hijos observan su trabajo desde una distancia prudente. “Tienen miedo de las abejas, pero les gusta lo que producen: es dulce y paga sus cuotas escolares”.

Hasta hace poco, la apicultura era una actividad de poco interés para la mayoría de los zimbabuenses que vivían en el distrito oriental de Mutasa, una exuberante y verde región montañosa a unos 350 kilómetros de la capital, Harare. Era un nicho de negocio como muchos otros.

Eso ha cambiado drásticamente desde que la organización sin ánimo de lucro Environment Africa, animara a la población local a iniciarse en el negocio de las abejas como un medio de vida alternativo, así como para proteger los bosques. El proyecto, que también se desarrolla en otras partes de Zimbabue, así como en otros países africanos, es financiado por la Unión Europea y gestionado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

“Este proyecto no solo ha cambiado la vida de las personas de esta comunidad, sino también ha logrado preservar los árboles”, cuenta Lawrence Nyagwande, coordinador de Environment Africa en la provincia de Manicaland. “La deforestación estaba al orden del día aquí, alcanzando niveles alarmantes”, lamenta.

Abejas contra los incendios forestales

En el pasado, la madera había sido la principal fuente de ingresos de la región, pero la deforestación desenfrenada estaba amenazando a toda la industria. Se talaba a una velocidad superior al ritmo de crecimiento de los árboles. Hoy en día, la apicultura casi ha alcanzado a la madera en términos económicos e incluso ha ayudado a que el negocio maderero se recupere y sobreviva en el proceso.

“Poco a poco se hacía difícil detener la sobreexplotación sin una idea que resolviera su causa”, dice Nyagwande. “La mayoría de la gente quema hierba para facilitar la caza o corta árboles para leña”.

En una entrevista, Violet Makoto, portavoz de la Comisión Forestal del gobierno, declaró que el proyecto apícola había reducido drásticamente los incendios forestales y la deforestación en Zimbabue. “Queremos que la apicultura se consolide como actividad entre las comunidades hasta alcanzar un nivel donde eliminemos por completo el problema de los incendios y la tala de árboles”, explica Makoto.

Según cifras oficiales, el país perdió alrededor de 1,5 millones de hectáreas de bosque al año hasta 2015. Incluso las fuertes multas por incendio y tala de árboles para leña no eran lo suficientemente disuasorias, ya que los zimbabuenses seguían buscando maneras de ganarse la vida.

Entre ellos se encuentra Chatambura: “yo he formado parte de ello. Solía talar árboles sin plantar nuevos después. Pero ahora que me he unido a este proyecto de apicultura, no quiero ver a nadie cortando árboles o quemando bosques. Los árboles en sí no significan mucho para mí, pero proporcionan flores, que son el alimento que permite que las abejas produzcan miel. Y la miel es ahora mi forma de vida”.

Antes de convertirse en apicultor, Chatambura nunca fue formalmente empleado, cosa que no es inusual en Zimbabue. Aunque faltan estadísticas fiables, algunas estimaciones sitúan la tasa nacional de desempleo en más del 85 %. A Chatambura le ha ido bien desde que empezó a producir miel hace unos cuatro años. A su familia no le falta nunca comida e incluso se ha comprado una motocicleta.

Apicultores con buen salario

En tan solo tres años, la asociación de apicultores en el distrito de Mutasa ha alcanzado más de 1.100 miembros, según el presidente de la organización, Paddington Nemaunga. En promedio, cada apicultor tiene 250 colmenas. Los apicultores son entrenados y equipados por Environment Africa.
“Cosechamos tres o cuatro veces al año”, cuenta Nemaunga. “Algunos de los granjeros ganan de media alrededor de 894 euros (unos 1.000 dólares) al mes”. Eso es mucho teniendo en cuenta que un funcionario en Zimbabue solo gana unos 450 euros (500 dólares) al mes.

Ampliación del proyecto

Pero para Environment Africa todavía queda trabajo por hacer. La organización pretende ampliar el proyecto a otras partes del país. Además, de momento los apicultores no producen su propia miel, sino que la venden a compradores de Harare por 2,05 euros el kilogramo (2,30 dólares por kilogramo). La miel cruda se procesa en la capital y el producto final se vende en tiendas de todo el país por casi cinco veces el precio inicial de compra. La organización está considerando que los apicultores lleven a cabo todo el proceso. Con ello, sus beneficios podrían aumentar significativamente.
Por otro lado, está la cuestión de los árboles. Environment Africa tampoco deja en este terreno nada al azar, según el jefe de la organización en Zimbabue, Barnabas Mawire. “También estamos plantando árboles. De este modo, aumentamos el espacio donde las abejas pueden buscar alimento”, explica Mawire.

Autor: Columbus S. Mavhunga/ DW

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