Sentir la primavera

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Octubre, vuelve la calidez y los aires refrescantes. Inspiremos y encontremos, al fin, aquella bocanada regada desde el cielo, que, como un hálito en vuelo, ceda espacio a los aromas florales.  La naturaleza va trazando con tinta de colores la rama de los árboles.

Se hace hermoso al caminar, advertir el mundo con los sentidos. Tonos, aromas, contacto con la suavidad de texturas que nos regalan los brotes. Un contexto que nos hace ejercitar la capacidad perceptiva.  A veces nos invita a zambullirnos por los misterios de los olores, el agua en contacto con la tierra, el viento que hace sobrevolar el polen.  Vivir la claridad de cada día, del aire que fluye limpio con ondulantes movimientos y la apacible brisa que comienza a correr por las venas.

Miramos hacia el cielo y observamos las nubes. Comenzamos a ver el dibujo de siluetas. La inmensidad celeste se combina para organizar imágenes, formas, hasta que una se instala plácida o penosamente delante de nuestros ojos. Escuchamos su voz, primero sutil y luego más afianzada. El tibio viento primaveral nos permite respirar más profundo y eso transforma el pulso.

Unos minutos entreteniendo a nuestros ojos para detener a los pensamientos y desafiar la cacofonía mental creando otras posibilidades. El movimiento de las nubes es constante, la transformación de su forma y reconstitución dos de sus aspectos. Darnos un instante para ir interiorizando esas representaciones y creando contornos que significamos. El movimiento es el gran fundador de imágenes, la observación es la que estimula. Percibir ese vaivén requiere paciencia y atención.

La imaginación emana.  Resurge una belleza tan sencilla en apariencia, tan mágica y compleja dentro de esas configuraciones naturales. Las sensaciones personales entran en escena y se expresan a través de ensoñaciones, dibujos.

El aire más cálido despierta sensibilidades. Nacen nuevas sonrisas. Surgen oportunidades de realizar hermosos paseos para liberar tensiones, cacofonías mentales y es muy saludable aprovecharlos.  Al circular entonces con ojos muy abiertos, con una boca de sonrisa que permite dejar pasar todo el oxígeno, se abre el pecho para vaciarlo de impurezas, para quitarle todo el aire enviciado. Un gesto que deshilacha despacio durezas almacenadas, un respirar potente que no deje sitio para pensar, solo inspirar esta primavera.

Alejandra Brener
Terapeuta corporal bioenergetista
espacioatierra@gmail.com
/ Espacioatierra-Bioenergética

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