¿Recuerdan la Kombucha?

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Hace algunos años, tuvo su boom en nuestras heladeras, un increíble y misterioso hongo que se reproducía en té, y se le atribuían no pocas cualidades a su bebida. Se intentó industrializarlo y llego a los puntos de venta con más o menos éxito.  Pero sigue siendo un “misterio” para esta parte del planeta. Aquí un poquito de info para no olvidarla.

El origen de la Kombucha es un poco difuso, habiendo quienes afirman que es chino y quienes creen que es coreano. Sin embargo, si se busca se encuentra una leyenda que se repite en diversos lugares en la cual se cuenta que un médico coreano – o chino quizás?, llamado Kombu fue a ver al Emperador japonés Inyoko quien le pidió su ayuda por encontrarse  enfermo. El médico le entregó el té de kombucha y salvó la vida del Emperador. Entonces, los chinos apreciaban al hongo por sus propiedades probióticas, siendo llamado “el elixir de la vida”.
Desde Asia viajó a Rusia y luego a toda Europa, donde fue muy popular llegando a su momento álgido de consumo. Esto se detuvo cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, durante la cual el racionamiento del azúcar y el té hizo que esta práctica se perdiera. Sin embargo, la tradición pudo mantenerse por algunas personas y luego de la guerra resurgió entre las clases altas italianas y viajó a Europa del Este.
Ahora bien, ¿qué es la kombucha?
La kombucha es una bebida fermentada proveniente de un cultivo simbiótico de diferentes especies de levaduras y acetobacterias que le proporcionan un sabor ácido y refrescante. No todos los cultivos de la Kombucha contienen las mismas cepas, por lo que sus minerales y nutrientes pueden variar. El empleo de distintos tipos de té en su elaboración hace que en algunos casos la composición de minerales y vitaminas cambie dependiendo el té que se utilice.
Vamos a ver ahora los beneficios de la Kombucha para nuestra salud:
Para las funciones metabólicas del cuerpo, este hongo contiene vitamina B las cual da energía, protección cardíaca, reducción de estrés, ansiedad, mejora la memoria carbohidratos entre otras cosas.                                                                                  También contiene enzimas digestivas que promueven la desintegración de la comida en moléculas más pequeñas y logran que el cuerpo absorba sus nutrientes con mayor facilidad.
Por su parte, los probióticos presentes en la Kombucha siembran la desintoxicación y así ayudan a mejorar la función hepática.
Tiene también la capacidad para aumentar el sistema inmunológico gracias a la cantidad de antioxidantes que ayudan a estimular la respuesta ante enfermedades.
Las comidas fermentadas, como la Kombucha, proveen la bacteria necesaria para nuestros intestinos logrando mejora en la digestión, claridad mental y estado de ánimo.
Por último, es además para la artritis un excelente aliado, ya que contiene glucosamina, sustancia que el cuerpo necesita para tener nuestras articulaciones sanas.
Aun así, para finalizar, hay que hacer una salvedad: esta bebida ha presentado en diversas ocasiones contraindicaciones y ha afectado a algunas personas con infecciones cutáneas, intoxicaciones, shock cardiovascular, insuficiencia respiratoria, entre otras. Con este dato, es importante que antes de empezar un tratamiento con Kombucha, estudiemos con detenimiento la bebida con nuestro médico para descartar una posible intoxicación ya que si esto ocurre, suele estar ligado al organismo particular de cada ser humano.
Si nunca habías oído hablar de la Kombucha, aquí un breve resumen de sus propiedades. Una alternativa nutritiva y diferente para tener en cuenta.

Gisela Medrano /CONVIVIR

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