¿Re-encarnación o re-aparición?

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La fórmula religiosa: “Eres polvo y al polvo volverás” “Pulvis es et in pulverem reverteris”, utilizada durante siglos, expresa una notable ambigüedad y expone a un gravísimo malentendido. Porque, “tu” no eres polvo de la tierra. “Tu” no eres tu cuerpo. “Tu” eres quien se expresa en el cuerpo, eres espíritu, esencia, vida Divina, manifestándose a través de un instrumento material, que llamamos “cuerpo”, o nuestra “tienda de campaña”. De modo que “tu” no vuelves, no retornas al polvo, sino a la Fuente de la cual procedes y de la cual nunca te has separado.

El vehículo o cuerpo es un instrumento que emplea el Espíritu o Alma en su manifestación. Concluida ésta, el conductor o morador abandona el vehículo y el Ego espiritual, el Sí Mismo, continúa en su ser.

Ahora podemos preguntarnos: ¿Qué impide que el Ego, como porción de energía Divina autoconsciente, continúe su viaje por cualquiera de los infinitos caminos del Universo? ¿Quién establece que no puede expresarse en los infinitos escenarios cósmicos?En este contexto de significado se inscribe la doctrina de la “preexistencia de las almas”, del Maestro Orígenes. Él nos enseña, que las almas, como ideas Divinas, proceden del Ser, iguales y dotadas de libre albedrío. De modo que cada alma existió desde siempre y ya ha transitado algunos mundos y pasará por otros, antes de alcanzar la Consumación final.

Por eso, las desiguales condiciones de la vida presente, respecto a circunstancias existenciales y personalidad, no son explicables totalmente dentro del marco de la vida o manifestación actual, ya que este mundo no es el único mundo. A la luz de estas antiguas enseñanzas, podemos comprender que la vida es una experiencia continua con interludios o ciclos de manifestación del Espíritu en el mundo de las formas, como Espíritu Viviente.

Esos ciclos o episodios son las vidas sucesivas o experiencias en las que el Yo Superior o Alma se reviste de materia, “se encarna”, es decir, construye un nuevo instrumento o personalidad y se expresa de acuerdo a la Ley de  Evolución, Retorno o Reintegración.

Puedo advertir entonces que yo soy mucho más que lo que habitualmente creo que soy. Soy Vida dotada de autoconciencia que emana o procede de Aquel que Es, como segmento no separado de la totalidad, como rama integrante de la vid.

En las Escrituras Sagradas, encontramos afirmada taxativamente esta Verdad Cósmica: “Yo Soy la Superalma que mora en el corazón de todas las entidades vivientes. Yo Soy el Principio, el medio y el fin de todos los seres.” (Bhagavad-Gita 10:20). “Yo Soy el Primero y el último. Yo Soy la Vida

Yo Soy Alfa y Omega. Yo Soy el Principio y el Fin. Yo Soy el Ser” (Apoc. 1-17; 1-8);22-13)

La Hermenéutica sagrada por su parte, nos aporta hermosas alegorías que nos ayudan a abrir nuestra mente y comprender, con mayor profundidad:

“… así como el rayo de luz que procede del sol es el sol que se proyecta, y la ola que se sustenta en el mar, es el mar que se ondula. Así como el sol y su resplandor son una única luz y no dos luces, porque su naturaleza es Una. Así, el iniciado comprende que no solo está unido a Dios sino que es Uno con El”. Finalmente, el símbolo sagrado de la Cruz, resume en su composición, estos Principios metafísicos: El Alma es el principio espiritual y Divino, re-encarnante, representado por el eje vertical de la cruz. Mientras que la personalidad y sus vehículos, es el componente material y temporal -el envase formado con el polvo de la tierra- que se expresa en el eje horizontal.

El Maestro Plotino se refiere a esta experiencia en la alegoría de un Drama Universal, con estas palabras:

“Al igual que los actores en nuestros escenarios obtienen sus máscaras y disfraces, tocas oficiales o andrajos, así se asignan al alma sus bienes, no al azar, sino siempre de acuerdo a una razón; se adapta siempre a la suerte que se le asignó, se ajusta correctamente al drama; entonces dice en voz alta su tarea, exhibiendo al mismo tiempo, todo lo que un alma puede expresar de su propia calidad, como un cantante durante una canción”.

Al igual que el alma que entra en este drama del universo, trayendo en su actuación su excelencia o defecto personal y aceptando de parte del Autor, la totalidad de su papel, recibe al final su castigo o su premio.

Pero estos actores -las almas- tienen una dignidad peculiar: actúan en un lugar mucho más amplio que cualquier entarimado. El Autor las ha hecho maestras de todo este cosmos; ellas mismas determinarán el honor o el descrédito donde ellas son agentes, en tanto que su lugar y papel están de acuerdo a su calidad. Los actores tienen el derecho de añadirle algo a las palabras del poeta: el drama no está completamente lleno, y ellas tienen que suministrar lo que debe ir, donde el Autor ha dejado espacios en blanco; los actores también tienen que ser algo más; ellos se convierten en posesiones del poeta, quien por su parte tiene presciencia de la palabra que añadirá, y así, se puede enlazar en una historia, lo que los actores introduzcan y lo que debe seguir. Cada alma viene al mundo actual, fortalecida por sus victorias o debilitada y condicionada por sus fracasos en sus ciclos de vida anteriores. Su lugar en este mundo se halla determinado por sus méritos o deméritos previos. Y su labor en este mundo determinará su lugar o posición en el mundo que seguirá. (De Principiis) El mundo material es como una escuela y campo de ejercitación en el cual las almas, dotadas de libre albedrío y colocadas en un escenario regido por la ley de los opuestos, llevan a cabo su experiencia y evolucionan hasta llegar a la Consumación final. En consecuencia, en la doctrina de Orígenes, fiel a la Tradición de los “Misterios”, todas las almas retornarán a Él, aun las que se han expresado en personalidades malvadas. Los mismos demonios, cuya naturaleza es divina, serán reintegrados, luego de cumplir su misión cósmica. En cumplimiento del “Proyecto Misterioso y Secreto de la Sabiduría Divina” todas las criaturas serán conducidas a la Gloria. La creación retornará a su Fuente, como el arroyo al manantial. Esta es la Apocatástasis o Consumación final universal. “Y en adelante Dios será todo en todos”. Unidad y Plenitud.

 

Lic. Carlos A. Papaleo
Mar Athanasios

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