¿Qué comemos cuando comemos?

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¿Lo que comemos, son alimentos nutritivos? ¿Qué tenemos que saber para alimentarnos bien y estar sanos?

Quizás estas preguntas nos parezcan fáciles de responder… pero los cambios realizados en estos últimos 50 años en los alimentos, con la incorporación de sustancias químicas, saborizantes y colorantes, estabilizantes y conservantes…y varios otros que se usan para mejorar el sabor y la apariencia del  preparado –ya que no pueden llamarse alimento, porque carecen de nutrientes-; de edulcorantes que…no engordan??,  el reemplazo de grasas naturales por margarinas y grasas esterificadas, que no tienen valor calórico porque no se absorben…pero inflaman el intestino…  parecen ser los responsables del aumento de la EPIDEMIA MUNDIAL de enfermedades crónicas no transmisibles,  no sólo de obesidad, síndrome metabólico, diabetes tipo 2 ya reconocidas, sino también de enfermedades cardiovasculares, cirrosis hepática, alteraciones del sistema inmunitario que ya no puede proteger al organismo y aumentan las enfermedades inmunológicas, oncológicas y autoinmunes en adultos y, lamentablemente, también en niños.

Las enfermedades crónicas no solamente afectan al enfermo, al paciente que la sufre, sino también a familiares, amigos y al resto de la sociedad… y no sólo en el plano afectivo sino también en el económico, como lo demuestran varios trabajos americanos.

Las noticias no son alentadoras, a pesar del reconocimiento de factores predisponentes como los contaminantes ambientales, y el descubrimiento de nuevos medicamentos.

La tendencia actual no se dirige a la curación de enfermedades sino a su prevención, es decir, a lograr que no lleguen a alterar gravemente la salud, lo que además puede afectar a sus descendientes, sino a tratar de mejorar los síntomas para que puedan tener una mejor calidad de vida.

Muchos investigadores están trabajando en el tema nutricional, por la relación que esta demuestra con los alimentos y el cuidado de la salud, en todas las edades, niños, adolescentes, adultos…y en personas mayores.

Las últimas informaciones tratan de simplificar los consejos y recomendaciones nutricionales para que sean accesibles a toda la población, y puedan conocer la posibilidad de elegir alimentos completos que protejan nuestro organismo.

Para ello un grupo de investigadores de la Universidad de Navarra en España, elaboró un Índice dietético sencillo y fácil de aplicar, basado en alimentos comunes que conocemos, para incorporar a la alimentación diaria y mejorar nuestro metabolismo.

El Índice dietético separó los alimentos en grupos, distinguiendo  los que nos ofrecen beneficios:  frutas, verduras, cereales integrales -con cáscara y fibras-, legumbres, semillas y frutos secos, pescados blancos, huevos, etc., ya sean naturales o con algún procesamiento mínimo para mejorar su ingesta: eliminación de raíces y hojas muy duras, molienda de cereales para obtener harina, prensada de semillas oleaginosas para extraer el aceite, secado de hongos y legumbres, etc.; y separarlos de aquellos alimentos, cuyo exceso tiene una acción negativa sobre la salud, entre ellos carnes rojas y procesadas, grasas saturadas de origen animal, cereales refinados, bebidas azucaradas y edulcoradas, jugos de fruta envasados, y productos ultraprocesados, que son industriales y tienen un gran porcentaje de químicos que el organismo no puede metabolizar.

La otra ventaja de este método es que “no necesitamos contar calorías”: las calorías discriminan los alimentos según la cantidad de macronutrientes: hidratos de carbono, grasas o proteínas  que contienen calorías, pero esto no es real, ya que los alimentos contienen también micronutrientes, vitaminas y minerales  acalóricos  – que no tienen calorías pero dan Energía!!- además, tenemos que tener en cuenta las calorías que se pierden en los procesos de asimilación de los nutrientes: masticación, motilidad del músculo liso digestivo, producción de enzimas para separarlos, etc.

Si se pudiera implementar el Índice dietético en la población, no sólo el profesional tendría una visión más clara de la posibilidad de adoptar una alimentación más sana y comenzarían a pensar en la prevención, sino que el mismo paciente podría controlar su evolución y la adherencia a una alimentación protectora.

Pensamos que facilitar la posibilidad de entender y aplicar los nuevos conceptos nutricionales a toda la población puede ayudarnos a prevenir y mejorar muchas enfermedades crónicas.

Dra. Elba Albertinazzi
CONVIVIR

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