Uno de los condimentos inevitables de las cenas de fin de año son... ¡los regalitos! Sí, todo un tema, porque uno conoce los gustos de dos o tres personas, las más íntimas o queridas, pero ¿y el resto?
Para los primeros la elección nacerá del corazón, y para los otros... ¡saldrá de la tele! O si no terminarás obsequiando productos inútiles, artículos convencionales o insólitos, comprados en algún “Todo Por Dos Pesos” disimulado como local de regalos en un shopping “chetongo”.
Pero todo empieza en las oficinas cuando alguna chica free susurra: “¿Y si para las fiestas jugamos al amigo invisible?”. “¡Dale!” contesta algún morocho que la mira como King Kong a la rubia de la película, y comienza la movida. “Plin, caja” resuena nuestro presupuesto que todavía es un nadador cerca de la costa y tiene aire de sobra. Pero le durará poco.
A la noche llama nuestra querida cuñada y nos invita a su casa a pasar la nochebuena, oportunidad que eligió para invitar a todo el batallón de hermanas con sus hijos, abuelos con sus nietos, familiares con los que estaba peleada y se reconcilió, algún vecino muy querido, el socio del marido y parentela, Papá Noel, el reno mayor, y una prima segunda que viene de Puerto Rico o de Nevada, da lo mismo.
¿Cómo satisfacer a tantos y tan distintos? Mi suegra, por ejemplo, no va a Mar del Plata si no la llevan a un “apartment hostel con spa”, en cambio su hermana melliza colecciona discos del grupo Tacuara y del conjunto Ollantay, de los setenta, y cuando ve cualquier catedral del mundo exclama: “¡cuántos vietnamitas podrían vivir aquí!”. Entre los que estarán presentes, algunos leen revistas de mecánica o de chimentos del espectáculo. Otro comensal cuenta siempre sus charlas con el fantasma que vive en su living, y vendrá la soltera que solo va a restaurantes de comida erótica y a exposiciones de Andy Warhol. Entre la multitud de festejantes que se besan sin recordar el nombre del prójimo, habrá hinchas de Boca y de Chaco For Ever, un flaco que pilotea un zeppelín que se alquila para promociones, una pintora de cuadros con canoas vacías a la deriva, un inventor de un rascador de espaldas a pilas para gatos, y una ex profesora de yoga que tiene 95 años y en invierno duerme con la ventana abierta.
Y de nuevo cuando suenen las campanas de las doce aparecerán las sonrisas de circunstancias durante la apertura de paquetes. Como lo que ocurrió la Navidad pasada: al fabricante de chorizos le tocó un llamador de ángeles, la nena vanidosa recibió un títere hecho con una fibra-esponja, la transgresora encontró un jabón personalizado, el estoico descubrió un billete de lotería, la filosofa halló desconcertada una biografía no autorizada de Angelina Jolie, y yo me sigo preguntando todavía qué haré con esta cajita que me dieron, porque no me gusta el té, no tengo alhajas, y no se me ocurrió a quién cremar para guardarle las cenizas.
Luis Buero
Luis Buero es guionista de exitosos programas televisivos, como La Familia Benvenuto, Los Rodriguez, Señoras y Señores entre otros. Autor de diversos libros como Historia de la Televisión Argentina Contada por sus Protagonistas 1951/96, y Hablan los autores. Actualmente es docente en la Univ. de Morón y la Univ. de Belgrano, el ISER y APTRA; también dicta cursos por Internet. luisbuero@tutopia.com / www.luisbuero.com.ar |