No tirarás!

“Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo” – Eduardo Galeano

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¿Sabías cuánta basura se desperdicia en el mundo? Según datos recolectados de diversas organizaciones de distintas partes del mundo, cada año se tira un 30% de los alimentos producidos en el mismo período de tiempo, lo que equivale a 1300 millones de toneladas. Increíble, ¿no? Y esto supone desde los productos que se pudren en los camiones, hasta la cantidad excesiva de comida desperdiciada de los restaurantes. Una gran parte de los alimentos que se tiran en los supermercados, están en condiciones de ser consumidos.

En Argentina, se contabiliza un 12,3% de la producción anual (datos del año 2015). Y según la FAO (Organización para las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), nuestro país se encuentra en la mitad de una escala imaginaria de derroche, con unos 38 kilos de comida que va a la basura por persona.

Esto tiene su causa en diversos aspectos: la falta de planificación de las compras, la mala conservación, el desconocimiento, la inexistencia de políticas que trabajen en pos de la reutilización de estos alimentos, entre otras cosas. Esto lo convierte en un problema de índole cultural y de educación, en tanto no se enseña a disminuir la basura, organizar las compras u organizarse para comer alimentos antes de su vencimiento.

Y si bien se considera al consumidor como el principal eslabón del desperdicio, es cierto que cada miembro de la cadena alimenticia debe asumir su parte de la responsabilidad y por otro lado, comprender que las empresas tienen más recursos o más peso para hacerle frente que el consumidor particular –aunque como dijo Galeano “mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

¿Cuáles son los principales alimentos que terminan en la basura? El pan, los cereales, las frutas, las verduras y los lácteos. En ese orden.

Quizá suena irónico, hasta cómico, pensar que tanta comida se despilfarra cuando se habla de pueblos con hambre, decenas de personas que, con suerte, pueden comer un plato al día o a veces ni eso, o innumerables hombres, mujeres e infantes que revuelven la basura en busca de algo para comer. El problema no es la falta de comida, sino el despilfarro. Si juntáramos toda la comida en buen estado que se tira en los distintos países, no habría nadie que no pudiera comer…

Por otro lado, el dinero que se pierde y el impacto ambiental son otros problemas que trae aparejada esta realidad.

Y si bien existen iniciativas que buscan controlar y luchar contra la pérdida y el desperdicio de los alimentos, aún queda mucho por hacer.

En Francia, hace unos pocos años, tras una petición de un concejal del municipio que fue firmada por miles de personas, se consiguió aprobar una ley para que los supermercados donen la comida sobrante en buen estado y que no hayan conseguido vender. Lo mismo ocurre en Italia.

En el Parlamento Europeo, el año pasado, se realizó una enmienda histórica donde se invita a los países pertenecientes a la Unión Europea a generar acuerdos con los supermercados para que donen esa comida a las ONG.

Así también, las claves de una empresa para cuidar en esta problemática sería reducir la pérdida: ajustar el pedido, controlar el stock, cuidar el alimento de cualquier daño que pueda sufrir en el proceso y realizar estrategias de liquidación para los productos que están por perecer, como puede ser donarlo a empresas o emprendimientos que los utilicen para su producción.

La iniciativa global SAVE FOOD del programa para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos se fundamenta en cuatro pilares:

– La sensibilización sobre su impacto y soluciones

– La colaboración y coordinación de iniciativas a nivel mundial

– El desarrollo de políticas, estrategias y programas para el fin expuesto

– Apoyo a los programas y proyectos de inversión implementados por los sectores público y privado.

Por nuestra parte, como individuos en casa, también debemos preocuparnos por realizar acciones que ayuden a reducir la cantidad de comida que va al tacho de basura. Porque si bien hay modificaciones que superan a lo particular y deben ser tomados desde políticas globales, cada persona tiene el poder de producir los cambios necesarios si convertimos el desperdicio de comida en algo socialmente inaceptable.

Y para eso debemos actuar y dar el ejemplo. En otra nota, se detallarán algunos consejos para evitar el derroche y tips para reutilizar alimentos.

 

Responsabilidad en la cocina

En la cocina, y con las comidas, también se puede Reciclar, Reducir y Reutilizar. Pero antes que nada y siguiendo el lineamiento de la nota anterior, vamos a ver algunos consejos para evitar el derroche:

  Comprar responsablemente: es normal que cuando vayamos a comprar, queramos hacerlo solo una vez a la semana y traer todo lo que creamos que vamos a utilizar, sin embargo, hacer una lista y comprar solo lo que necesitamos es una buena manera de no tener productos que luego, se nos vencen porque no los comimos.

  Planificar el menú: si ya sabemos qué es lo que vamos a cocinar, sabremos qué comprar y evitaremos tener cosas de más.

  Controlar las fechas: leer las etiquetas y saber qué comprar. Si voy a usar ese mismo día el producto comprar la más cercana al vencimiento (de esta manera ayudamos a una utilización responsable) y si planeamos usarla más adelante, elegir la que tenga más tiempo de expiración. Importante: diferenciar la fecha de caducidad de la de “consumo preferente”.

  Almacenar correctamente: organizar la heladera de manera que los alimentos más próximos a vencerse queden a la vista.

  No comer por los ojos: ajustar las porciones, comprar solo lo que sabemos que vamos a consumir y cocinar lo justo y necesario.

Con todo esto y probablemente otras estrategias que se te pueden ocurrir, ayudamos a no desperdiciar comida. El cambio empieza en cada persona.

Ahora bien, si pese a tomar las medidas necesarias y cuidarnos de no hacer comida de más, nos sobra o se nos está por estropear algo, podemos tomar la responsabilidad de reutilizarlo. Aquí algunos ejemplos que pueden ayudarte:

– Para usos de la casa y del cuerpo.

Muchos alimentos, una vez utilizados podemos darles un nuevo uso, quizá inimaginado.

El café molido: como repelente de hormigas, exfoliante para la piel, fertilizante de plantas, neutralizador de olores en el ambiente y en nuestras manos, elimina las pulgas de nuestros animales.

Cáscaras de frutas cítricas: repelente de insectos, neutralizador de olores desagradables, aromatizar la ropa, como portavelas pelando la fruta de una manera especial.

Piel de cebolla: si se hierve en agua, se pueden conseguir tintes para tejidos.

– Hacer recetas nuevas con comida hecha.

Si algunos alimentos te sobraron y no querés comerlo tal cual están,  o si tenés algunos sobrantes de comida que no sabés qué hacer con ellos aquí algunas sugerencias:

Cáscaras de cítricos. Sus pieles son muy requeridos para la repostería ya que las podemos usar de varias formas: si las secas, las moles y las mezclas con azúcar, podrás tener un azúcar aromatizado especial para preparar dulces; si las sumergimos en vodka y las dejamos macerar durante algunas semanas, tendremos esencias para darle sabor a nuestros postres; preparar naranjines con tiras secas, confitadas y bañadas en chocolate; rallar para nuestras tortas.

Bananas demasiado maduras. Cuando esta fruta se pone muy madura, muchas veces nos desagrada y no queremos comerla de esta manera, sin embargo, se pueden hacer exquisitas tortas, panes y pasteles con ellas o incluso un exquisito helado para el verano. Esto puede hacerse con cualquier fruta que esté muy madura: compotas, licuados, mermeladas, tortas. Cualquier postre que te guste.

Migajas de pan: antes de tirar las bolsas de galletitas, cereales, tostadas, etc, guardá todas las migas en una sola bolsa y aplastalas para conseguir pan rallado que te servirá para otras comidas.

Pan viejo: ¡no lo tires! Con el pan viejo se pueden hacer varias cosas: tostadas para la mañana, pan rallado o croutones ideales para sopas y ensaladas.

Sobras de verduras: éstas pueden transformarse en puré, sopa o salsa para pastas o incluso se pueden agregar a una tarta.

Sobras de carne, pescado o pollo: pueden hacerse exquisitas croquetas, empanadas, rellenos de zapallitos, zuccinis, lasañas o canelones o agregarlas a ensaladas para aportar proteínas.

Yogures: se puede utilizar para hacer vasos con avena, frutos secos o mermelada, así como salsas y aderezos para ensaladas.

– Secretos para conservar.

Por último, algunos consejos para que no se nos estropeen tan rápido los alimentos o para utilizarlos al máximo.

Plantar las hojas: algunas verduras, si plantamos sus hojas podemos hacer crecer una planta y así aprovechar todo.

Limón: si para cocinar vas a necesitar solo un poco de limón, podés hacerle un pequeño corte con un escarbadientes y luego cubrir el orificio con una cinta y conservarlo en la heladera.

Arándanos y frutos del bosque: lavarlos con agua mezclada con vinagre hará que prevengamos la aparición de moho y eliminemos los pesticidas.

Cebollas y ajos en bolsas: si las guardamos en bolsas de papel agujereadas, se mantendrán secas y en perfectas condiciones por más de dos meses. Y la palta con la cebolla se mantendrá por más tiempo.

Manzanas y papas amigas: si las guardamos juntas durarán más tiempo.

La lista podría seguir por mucho más pero por hoy vamos a quedarnos aquí. Si notás que algún alimento se te oxida muy rápido en la heladera, buscá la manera de conservarlo por más tiempo. Si no sabés qué hacer con la comida que sobró, antes de tirarla, buscá recetas nuevas y exquisitas para volver a usarlas. Si notás que siempre se te vencen muchos productos o comprás de más, es preferible ir más veces a comprar que tener algo que no sabés si vas a utilizar.

Con todo esto y más, prestando atención, tomando real conciencia, reponsabilizándonos con la comida estamos ayudando al medio ambiente, a nuestra economía y desarrollamos nuestras destrezas creativas. Y hoy, ¿qué vas a cocinar?

Gisela Medrano / CONVIVIR

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