Las selvas afectadas por la deforestación absorben menos CO2

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Las selvas fragmentadas por la deforestación, sin importar su extensión, absorben menos dióxido de carbono que las que constituyen bloques compactos, según un estudio realizado por investigadores brasileños y alemanes en Brasil.

El estudio fue realizado en el Bosque Atlántico, el ecosistema que ocupaba gran parte de todo el litoral brasileño antes de la colonización portuguesa y del que apenas quedan fragmentos dispersos, informó hoy la Universidad de Sao Paulo (USP).

Los investigadores de la USP y del Centro Helmholtz para Investigación Ambiental (UFZ) de Alemania simularon la evolución de fragmentos de selvas en el Bosque Atlántico por hasta 400 años y la compararon con los de áreas forestales más compactas.

Concluyeron que una selva menos extensa que el Bosque Atlántico pero menos fragmentada puede absorber más dióxido de carbono.

Según la organización no gubernamental SOS Mata Atlántica, la tercera parte de lo que resta del Bosque Atlántico corresponde a fragmentos de hasta 100 hectáreas separados por distancias promedio de unos 1,4 kilómetros.

El ecosistema cubría originalmente 1,3 millones de kilómetros cuadrados y se extendía hasta Argentina y Paraguay, pero actualmente apenas conserva la quinta parte de su cobertura vegetal original.

De acuerdo con los investigadores, mientras que el Bosque Atlántico inalterado puede contener 250 toneladas de biomasa por hectárea, los fragmentos de hasta 100 hectáreas, tras 100 años apenas contendrán 228 toneladas de biomasa por hectárea.

Se trata de una reducción del 8,8 por ciento que se refleja en la capacidad del sistema en absorber dióxido de carbono.

El mismo estudio indicó que un fragmento de apenas una hectárea tendrá en 100 años una biomasa 44 % inferior a la que tendría la misma hectárea en un bosque inalterado.

Además, los fragmentos con biomasa menor también tienen una menor variedad de especies, ya que poseen menos recursos para alimentar la fauna y menos espacio que pueda servir de hábitat.

«El bosque fragmentado es como un niño enfermo que no consigue engordar. Si la selva no está bien, la acumulación de dióxido de carbono es incompleta», explica Jean Paul Metzger, investigador del Instituto de Biociencias de la USP y uno de los coordinadores del estudio.

El especialista explicó que la biomasa es menor en las áreas fragmentadas debido a que ellas sufren más con las perturbaciones que ocurren en los bordes del bosque.

Según el investigador, en las áreas fragmentadas llega más luz y viento, y se siente más la perturbación externa. Los árboles mayores terminan muriendo y son substituidos por especies que consiguen sobrevivir en esas condiciones, pero que tienen menos capacidad de absorber carbono.

Los autores del estudio desarrollaron un software que permite simular cómo será afectada la selva fragmentada en entre 100 y 400 años.

El software fue alimentado con un banco de datos de la USP con informaciones sobre árboles y especies de plantas en fragmentos del Bosque Atlántico.

Agencia Xinhua

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