La cebada germinada

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Esta semilla germina fácilmente y sin necesidad de muchos cuidados. Tiene aproximadamente el mismo valor nutritivo que las semillas de centeno. No se sabe a ciencia cierta de donde es originario este grano. No obstante, se han hallado pruebas de que esta semilla se conocía en la época prehistórica. En Suiza se encontraron granos de cebada de la Edad de Piedra. Los griegos la cultivaban para dársela a los atletas como alimento fortalecedor. Los chinos, en cambio, la ingerían para aumentar su potencia sexual.
Si se mastican bien los brotes del germinado de cebada se nota un agradable sabor dulce, que no tiene el grano seco. Esto se debe a que durante el proceso de germinación el almidón ha pasado de una forma de molécula “alta” o compleja, a otra forma molecular más “baja” o simple: el azúcar de malta. Esto sucede porque la cebada es muy rica en amilasas (enzimas que digieren el almidón), que actúan por hidrólisis sobre los almidones de los alimentos a los que acompaña.
La cebada germinada es tan alta en cuanto al contenido en amilasa que la industria (incluida la dietética y la farmacéutica) utilizan este brote para extraerle sus enzimas y preparar con ellas productos “digestivos” que ayuden a las personas con mala tolerancia a los almidones (la mayoría de los cuales no necesitarían recurrir a estos productos si aprendiesen a comer los alimentos amiláceos correctamente combinados).
Así pues, tenemos que la cebada germinada, y la leche que se prepara con la misma, es un gran enzimático que puede ayudar a digerir los almidones y las grasas. Como son demasiado duros se suelen tomar sus brotes cocinados más que crudos, especialmente en forma de sopas de vegetales.

“La cultura de los germinados”Mark Arms

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