El feminismo también es cosa de varones

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Hoy el feminismo está en la tele, en la calle; se habla en las casas y las oficinas. También al feminismo como término se le teme y se lo resiente: “ni machismo ni feminismo”. Pero estas no son dos caras de la misma moneda, el feminismo es la búsqueda de la igualdad, no el rechazo al hombre, y es igual de necesario para hombres como para mujeres, porque el patriarcado los afecta tanto como a nosotras.

Hagamos un momento un ejercicio de reflexión, pensemos cuales son los protagonistas de los cuentos de hadas de la modernidad ¿Cómo son esos hombres y mujeres que hace años venimos viendo? Las personas funcionamos con referentes, necesitamos de nuestros ídolos y modelos para figurarnos, un ejemplo en el que reflejarnos y construir como objetivo. Las mujeres son hermosas, sensibles, intuitivas, quieren atender y cuidar. Pero para los hombres es exactamente igual: fuertes, masculinos, protectores, capaces de mantener a sus familias, exitosos, desconectados de lo emocional, terrenales, racionales. Un hombre que llora, que se preocupa por su salud -y por lo tanto se piensa vulnerable-, que se emociona, que le da un abrazo a otro hombre en un momento en que lo necesita, un hombre que cocina y limpia en su casa, un hombre que es mantenido por su mujer, un hombre que no es fuerte, no tiene lugar en el mundo patriarcal, es percibido como femenino, por lo tanto débil y es rechazado: “¿No podes hacer cosas de hombre?” ¿Vimos a Bond llorando de emoción o de dolor?¿Fue Rambo a hacerse ver cuando le dieron un balazo?¿Empezó terapia Batman? ¿O en cambio un hombre con un conflicto calla, se sirve un trago, fuma un cigarrillo, se mete en una pelea o se bate a duelo? Destruir los roles de género establecidos no es un problema de las mujeres oprimidas nada más, es -o debería ser- algo que nos incumbe a todxs.

Masculinidad tóxica

No siempre es claro cuando a los hombres o a los niños, los daña la violencia basada en género porque ese tipo de violencia podría no ser física o ser encubierta. Decirle a un niño que algo que le gusta hacer está mal porque no es “de hombre” puede llevarlo a temer expresar lo que siente e influirá en su autoestima, sus relaciones y toda su conducta en el futuro.

La represión a las expresiones que pueden tener los varones los puede llevar a vivir con miedo, con temor de parecer suaves, tiernos o débiles y esto se puede convertir en masculinidad tóxica: ésta aspira a la rudeza, el poder, la invulnerabilidad, es un modelo de hombría que se encamina a la dominación y el control y que considera todo lo no masculino como inferior.

Masculinidad tóxica y salud

A los pequeños se les enseña desde corta edad que expresar sus emociones es un tabú. La internalización de una identidad masculina en la que buscar ayuda es vista como un signo de debilidad comienza en la infancia y se vuelve particularmente intensa durante la adolescencia. Es necesario tomar conciencia porque cuanto más internalizadas están estas “reglas” más difícil se hace escapar a su influencia. Y no es un efecto simplemente emocional, genera violencia sobre terceros pero también es causa de suicidio y de conductas autodestructivas. La expectativa de vida de los hombres es mucho menor que la de las mujeres y estudios recientes muestran que está vinculado a factores culturales: Los hombres más poderosos son aquellos para quienes la salud y la seguridad son irrelevantes.

Es importante destacar que no sólo los hombres tienen menos probabilidades de ver a un médico, sino que también son mucho menos propensos a buscar ayuda psicológica. La consecuencia es que enfrentan las tasas más altas de suicidios tanto intencionales como no intencionales -por sobredosis de drogas.

Para ayudar a cerrar la brecha en la esperanza de vida entre hombres y mujeres, son necesarias campañas de salud pública que ofrezcan una idea de la masculinidad en la que la búsqueda de ayuda es un atributo positivo.

Para asegurar que nuestros padres, hermanos, hijos y amigos dejen de morir prematuramente necesitamos repensar que implica ser un hombre. Para esto tenemos que permitirnos ver cómo funciona algo que forma parte de nuestra educación desde que nacimos, los mandatos están tan naturalizados que son invisibles, pero nada es natural, las cosas las construye la cultura y la cultura puede cambiar: en algún momento la cultura consideró que los negros no tenían alma, en algún momento la cultura pensó que las mujeres no debían votar o estudiar, en algún momento la cultura pensó que la homosexualidad era una enfermedad, en algún momento la cultura pensó que estaba bien la esclavitud, en algún momento la cultura pensó que estaba bien que voten solo quienes fueran dueños de tierras, en algún momento la cultura pensó que estaba bien que nos gobierne un rey que recibía el poder de Dios; y todo eso cambió, pero no fueron cambios fáciles ni rápidos. Y hoy en día la cultura dice que el patriarcado es lo que está bien, que lo tenemos que aceptar y respetar aunque la masculinidad tóxica y el machismo nos opriman. Esta es la reivindicación feminista, no odiar a los hombres, buscar la igualdad y para eso eliminar las normas de cómo ser hombre y cómo ser mujer.

Catalina Llarín
CONVIVIR

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