El camino de la ascensión

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Nos encontramos aquí por propia voluntad, para dar lo mejor de nosotros y para recibir todas las bendiciones que aspiramos. ¿Cómo damos lo mejor que tenemos?, primero purificándonos y luego comprendiendo.

¿Cómo nos purificamos? Despojándonos de toda atadura, deseando con fervor no repetir errores y proponiéndonos trabajar para darnos cuenta de cuáles son los defectos que tenemos que corregir, recapacitando en que formamos el camino a medida que lo recorremos y que ese camino puede ser plácido y agradable o sinuoso y lleno de trabas. Todo depende de la postura que asumamos ante nuestra vida y ante los demás. El camino se allana cuando aceptamos que no existen las casualidades, que nosotros mismos fabricamos las vallas y nosotros mismos fabricamos la victoria, trabajando para lograrla, con esfuerzo y sin pausa. Cada uno tiene su propia meta, la victoria personal que quiere obtener. A veces para los demás esa victoria puede parecer insignificante y para el que la obtuvo gigantesca. Por eso hay que ocuparse del camino personal con la mirada puesta en las metas finales y presentar batalla a todo lo que intente apartarnos. Los famosos obstáculos que acechan al caminante.

A veces se disfrazan para que no los reconozcamos y lo hacen tan bien que impiden el paso una y otra vez. Tropezamos con la misma piedra hasta que encontramos la forma de sortearla. Otras veces la piedra es tan enorme que no la podemos saltar solos. En ese caso están los amigos, o los hermanos en el camino, que es lo mismo. Y todo se suaviza cuando aceptamos su consejo y lo ponemos en práctica sin soberbia, humildemente. Cuantas veces la ayuda que pedimos a Dios cuando nos vemos al borde de un precipicio, se materializa por medio de algún hermano que recibió como misión acudir a nuestro llamado y responder a nuestro pedido…

Y este camino famoso es el camino del alma hacia su evolución. También podemos llamarlo el Camino de la Ascensión… Muchas veces leímos o escuchamos como se asciende, pero ¿sabemos como no se asciende?

Meditamos…

• No progreso, no asciendo, si hago daño a alguien, por pequeño que sea, aún con la palabra.

¿Daño a otras personas aunque sea levemente?

• No asciendo si omito ayudar a quien me lo pide y aún a quien no pide mi ayuda pero la necesita.

¿Ayudo lo suficiente?

¿Lo hago desinteresadamente?

• No asciendo si miento, engaño o no soy honesto.

Me examino imparcialmente.

• Lo que hago a otros, ¿me gustaría que a mi me lo hicieran?

Repaso mis actitudes de la última semana…

• ¿Y como me gustaría que actúen los demás conmigo?

¿Qué me amen?…

Entonces empezaremos por amar…

Visualicemos a una persona que amamos y nos concentramos en el sentimiento que nos inspira…

Analizamos cómo nos sentimos en cuerpo y alma ante su presencia…

Nos dejamos colmar por la vibración que nos otorga el amor…

Ahora visualizamos a otra persona. Esta vez es alguien que creemos no amar, alguien con quien no coincidimos…

Intentamos amarlo, comprenderlo, cubrirlo con la vibración de amor y limpiamos nuestro cuerpo de las impurezas que deja la ilusión del desamor…

Continuamos con la tarea purificadora que emprendimos

• ¿Me gustaría que determinadas personas me tengan en cuenta?

Empiezo por tener en cuenta a aquellos que considero en inferiores condiciones en cuanto a mi… Me siento colmado con la sensación de reconocimiento a quienes vienen detrás de mi en el camino…

Les digo: gracias por brindarme la oportunidad de servir y demostrar mis capacidades…

Poco a poco vamos comprendiendo como funciona la Ley. Cómo no se asciende y cómo si se asciende…

Y ahora vamos a intentar dar lo mejor de nosotros:

Nos concentramos en el Rayo Rosado del Amor Divino e invocamos:

Padre Celestial, en el nombre de tu Presencia Divina en mí y en mis hermanos, en el nombre del Amado maestro Pablo el Veneciano, en el nombre de la Amada Lady Roweena y del Arcángel Chamuel, INVOCO el Rayo Rosado del Amor Divino y le ordeno: DESCIENDE, DESCIENDE, DESCIENDE, envuélveme con la llama de Amor del Corazón de Dios y como a mi a toda la humanidad (visualizamos el Rayo envolviéndonos a nosotros y al planeta).

Que la pureza del Amor Creador se manifieste en todos los corazones y repare toda herida, que enjuague toda lágrima, que disuelva todo odio. Que este bendito planeta se convierta en un reflejo de Tu Sagrado Amor. Que cada persona, cada animal, cada planta y cada piedra se conviertan en una lente de aumento y multipliquen el amor hacia los cuatro puntos cardinales…

Que este Rayo de Amor envuelva a los hermanos de los cuatro elementos: a los elementales de la Tierra, duendes y gnomos: a los elementales del agua: tritones, ondinas y nereidas, a los elementales del aire: silfos, elfos y a los elementales del fuego, las salamandras.

Para que de aquí en más en este Amado Planeta únicamente se manifieste Tu Amor. Comprometo mi voluntad consciente en trabajar para que Así Sea.

Dejo brillar el Rayo Rosado en mi corazón y quedo envuelto en su vibración.

Marta Susana Fleisher
CONVIVIR

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