Cronobiología Los ritmos del cuerpo

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La palabra cronos significa tiempo y tiempo se asocia a reloj: la cronobiología es entonces, nuestro reloj biológico, el que nos indica lo qué tienen que hacer los órganos y células de nuestro cuerpo en determinados momentos o períodos del día: comer, dormir, estudiar; si esas acciones se cumplen en el momento indicado, viviremos sanos durante muchos años.

Los seres vivos están condicionados en gran parte por ciclos de 24 hs.(ritmos circadianos: cerca de 1 día) donde se alternan dos fenómenos: día:luz:vigilia/noche:oscuridad:sueño: este ritmo es el más reconocido y estudiado.

Lo característico de la organización cronológica es que el cuerpo sabe lo que va a pasar y reacciona antes que se presente el estímulo, preparando por anticipado la acción – para que no nos sorprenda, y nos produzca estrés!!

Los ritmos circadianos pueden influir en los ciclos de sueño-vigilia y a través de ellos regularizar las secreciones hormonales –esterilidad-, hábitos alimentarios –obesidad, diabetes, sindrome metabólico- digestión –hiperacidez, síndrome de intestino inflamado-, temperatura corporal, y otras importantes funciones del cuerpo. Los relojes biológicos alterados, que funcionan con más rapidez o más lentamente pueden producir una alteración de los ritmos circadianos, a esta alteración de los tiempos se llama cronodisrupción: y se relaciona con enfermedades o síntomas que pueden ser graves: enfermedades oncológicas, inmunológicas, deterioro cognitivo y envejecimiento precoz…; por ejemplo, el insomnio, el verdadero, cuando no se puede dormir y ni el cuerpo ni la mente descansan.

Un ejemplo que podemos observar nosotros mismos es el despertar, luego de un sueño reparador: la pregunta que tenemos que hacernos es: necesito el despertador?

Si lo necesito es porque no dormí lo suficiente o tuve un sueño inquieto, con despertares nocturnos. Si eso sucede una vez, por un motivo especial –exámenes, entrevistas de trabajo, etc.- no es importante: pero si es habitual tendremos que pensar que no dormimos todo lo necesario y quizás durante el día estemos más cansados y de mal humor y no podamos cumplir con nuestro trabajo.

El horario normal del sueño debería ser el momento en que se oculta el sol y desaparece la luz… pero actualmente tenemos luz eléctrica toda la noche, por lo que se hace muy difícil tomar esa referencia.

Lo que sí podemos hacer es tratar de reorganizar nuestro reloj interno: el mejor relojero es cada uno de nosotros, observando las reacciones que se producen cuando el reloj se desincroniza… y por el contrario, cuando la sincronización es normal, ya que estamos más tranquilos y contentos, la comida no nos cae mal, no tendremos contracturas ni fatiga…

El organizador o reloj central, es una estructura nerviosa muy pequeña, situada en el centro del cerebro, relacionada con los nervios ópticos: se llaman Núcleos Supra Quiasmáticos – abrev.NSQ- y reciben directamente información de la luminosidad del ambiente, en el día; y de la oscuridad, en la noche, y la transmite a todos nuestros órganos internos, corazón, aparato digestivo, temperatura, etc….para que cada uno de ellos sepa que debe hacer según el horario: normalmente el cuerpo lo conoce con anticipación y puede prepararse para la acción correcta.

Si recibe señales luminosas –entre las 6 y 8 hs- interpreta que es de día, moviliza al organismo para la actividad diaria: aumentan el calor, la circulación, la actividad cardíaca y la presión arterial –es la hora en que se produce la mayor cantidad de infartos y hemorragias cerebrales-, el tono muscular, el apetito: es la hora del desayuno, y de eliminar los residuos a través del riñón y el intestino; y también las mucosidades del aparato respiratorio: es muy frecuente que por la mañana tengamos estornudos y secreción bronquial aunque no estemos resfriados.

Y los alimentos? Pueden ayudarnos? Desde ya que sí, porque aportan las bases químicas naturales para formar los neurotransmisores adecuados, según las indicaciones genéticas.

Si nos encontramos en el período opuesto, la oscuridad, hay que prepararse para dormir: hacer una cena temprana y liviana, con pocas proteínas, ayuda a la absorción del aminoácido triptófano, la base de la formación de melatonina –inductora del sueño-; comer vegetales verdes, remolacha y zanahorias; sopas espesas con cereales: arroz integral y sobretodo avena, agregar un huevo y una cucharada de levadura de cerveza; poca cantidad de carne y preferentemente guisada; comer despacio y masticar muy bien para no aumentar el trabajo digestivo, evitar el reflujo y la acidez nocturna.

Podemos acompañar la cena con ½ vaso de vino preferentemente tinto, con antioxidantes naturales y una barra de chocolate con 70-80% de cacao o una banana madura, ambos alimentos también contienen triptófano.

Tomar una ducha caliente y relajante, mejor corta, sólo de 5-8 minutos, y acostarse sin luz, TV, libros, hacer respiraciones profundas, pensar en las cosas agradables que haremos al día siguiente, también nos ayudará.

Y los remedios? Dijimos que somos nuestros propios relojeros, pero al principio podemos utilizar apoyos inductores del sueño, como la Valeriana, o la melatonina.

Dra. Elba Albertinazzi
Asoc. Arg. de Médicos Naturistas

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