Alimentos adictivos y aditivos alimenticios

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Cuanto mayor es la vida útil del alimento, más corta la vida humana.
Cuantos más aditivos incorporamos, menos recursos tenemos en nuestro organismo

Los alimentos industriales están desarrollados para generar grandes volúmenes de ventas masivas, para que sean adictivos y se los crea imprescindibles, aunque no tengan ninguna función o ninguna propiedad. Al igual que las industrias cosméticas convencionales, hoy día las industrias alimenticias, venden humo y fantasías. Carbohidratos, azúcares y grasas, llenan nuestras alacenas, mientras los colorantes y aditivos que realzan el sabor, los aromas y las texturas se acumulan en nuestro cuerpo.
Del mismo modo que una crema llena de petrolatos, nos da una falsa sensación de humectación y cuando se acaba el efecto necesito mucho más de esa crema, para lograr esa sensación, sin que la piel se hidrate verdaderamente como con los aceites y extractos naturales, que la nutren y la hidratan de verdad. Así, hasta llegar a un envejecimiento prematuro o desertificación de la piel, Los aditivos en los alimentos juegan un papel similar, crean una falsa sensación de satisfacción, para que al poco tiempo reclamemos más y más.
Los alimentos altamente procesados, a diferencia de los naturales, tienen más posibilidades de provocar un pico o una subida de azúcar en la sangre, circunstancia que activa ciertas áreas del cerebro relacionadas con las adicciones. Esto puede desencadenar en muchos trastornos de la salud, en especial la hipoglucemia puede traer muchísimos problemas.
Simplemente, se trata de un tipo de alimentos o comidas, que por situaciones de estrés, ansiedad o porque realmente gustan mucho, hacen que lo comamos en cualquier momento, independientemente de tener hambre o no, dándonos esa sensación de “no poder parar de hacerlo”, sin que a la vez nos alimente verdaderamente. El organismo humano utiliza muchas veces más energía para metabolizarlos, que la que aportan estos alimentos en realidad. Los estupefacientes químicos usados en la industria como aditivos alimenticios, crean adicción, van directamente al sistema de recompensa del cerebro con un efecto muchísimo mayor del que podría generar ningún alimento.
Con demasiada frecuencia los efectos de esta manipulación crean un círculo vicioso entre la sobrealimentación, el sobrepeso y otras patologías de rasgos bastante similares a una adicción. Este problema es particularmente grave en el mundo desarrollado, pero está apareciendo también en los países llamados emergentes con un consumo de alimentos procesados cada vez más fuerte. Y esta alimentación, no solo trae sobrepeso, como es sabido, lleva encadenadas toda una serie de dolencias y enfermedades directamente relacionadas, como la diabetes, el parkinson o celiaquía.
En ningún grupo de alimentos se ha estudiado en profundidad el efecto de unos elementos llamados opiáceos, presentes especialmente en la leche envasada y los quesos, también en las harinas con gluten. Las proteínas de los productos lácteos, las caseínas y de la panificación, el gluten, se transforman durante la digestión en unos elementos más pequeños, los péptidos. Y resulta que entre los péptidos existe también una familia de elementos químicos muy activos con el adictivo nombre de caseomorfinas y gluteomorfinas. Hay personas que debido a un consumo absolutamente excesivo se han vuelto literalmente adictas al queso, al pan, las galletitas. Los medicamentos utilizados para bloquear esta adicción son los mismos que se utilizan en los servicios hospitalarios de urgencias en casos de un ingreso por sobredosis.
Los conservantes y agentes sintéticos que se encuentran en los alimentos inhiben el oxígeno y retrasan el desarrollo de hongos y moho, sirven para la creación de una mayor vida útil de los productos, sin embargo, después de haber sido consumidos, estas toxinas privan a los humanos de oxígeno en las células y le roban los nutrientes, lo que conduce a la mutación de las células y el caldo de cultivo perfecto para el cáncer. Al igual que los seres humanos, las células necesitan oxígeno para sobrevivir y prosperar.
Los niños tienen especial predilección por estos alimentos, a raíz de su enorme carga publicitaria. Pero ¿cuál es el motivo? Esta dependencia se debe, en parte, a que los snacks incorporan un ingrediente clave que potencia su sabor, el glutamato monosódico (GMS) que se ha convertido en el aditivo “adictivo” por excelencia.
El glutamato monosódico, que también se esconde bajo el número E-621, es un aditivo alimentario que se utiliza con frecuencia en los alimentos procesados, actuando como conservante y saborizante. ¿Qué efecto tiene el glutamato sobre el apetito? Esta sal sódica sería la responsable de que tengamos tantas ansias de devorar una papa atrás de otra, hasta acabarnos el paquete completo.
Puede llegar a producir un apetito insaciable, de ahí que cuando consumimos alimentos que lo contienen tengamos la sensación de no poder parar. Lo que a la larga perjudica nuestra salud y favorece la obesidad, teniendo en cuenta que hablamos de alimentos ricos en grasas saturadas y calorías. El glutamato estimula receptores específicos de la lengua, que al entrar en contacto con el mismo envían señales al cerebro. A su vez éste nos invitará a pedir más y más. Y sentimos un impulso que no somos capaces de controlar.
Los resultados de un estudio con ratas que se hicieron virales en todo el mundo, hace poco tiempo, nos muestran sombríos resultados. Las ratas que se utilizaron mostraban una clara preferencia por las galletas marca Oreo, que fueron objeto del estudio precisamente porque tienen un contenido de azúcar y grasas muy alto. En las ratas, los efectos al ser alimentadas con estas galletas eran idénticos a los de otras ratas que recibían cocaína por medio de la comida.
Hace sólo una década, unos investigadores que estaban trabajando en otro estudio se encontraron ante un hecho sorprendente. Se suministraba un producto azucarado a bebés de solo 3 meses mirándoles firmemente a los ojos. Cuando más tarde un grupo de personas, incluidos los suministradores del producto, volvían a entrar en la sala, los bebés inmediatamente escaneaban el grupo y centraban su mirada únicamente en el proveedor que le suministró el azúcar, lo que demuestra que este tipo de adicciones alimentarias se pueden detectar, incluso a edades muy tempranas.

Ignacio Conde
iconde@fyn5.com

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