Adicción alimentaria

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food concept shot with contrasting food

Todo sabemos que la comida hoy es tratada como chatarra, estacionada en gigantes depósitos, con colorantes, conservantes, saborizantes y muchos otros químicos de síntesis y producida con modificaciones genéticas y toneladas de pesticida, herbicidas y fungicidas, fertilizantes artificiales. Nos intoxica y no nos alimenta, pero la seguimos consumiendo.

Conseguir alimentos buenos y sanos es muy difícil y muy caro. Pero para continuar con nuestra rutina diaria, debemos alimentarnos y lo hacemos con lo que tenemos más a mano, así perpetuamos este estado de cosas. Sabemos que para una mente y un cuerpo óptimo, necesitamos una nutrición inteligente. Y eso implica variedad de productos saludables y a la vez producidos en forma saludable y autosustentable. Pero no lo exigimos.

Hoy tenemos un índice alarmante y escalofriante de enfermedades y patologías que ascienden en las estadísticas de todo el mundo en forma exponencial. Como los problemas gastrointestinales, diabetes, autismo, celiaquía, Parkinson, colon irritable, asma, cáncer y un sinfín de patologías neurológicas. Todavía nos cuesta relacionar las enfermedades con la alimentación y no es casual, fuimos educados desde la infancia para verlo así, e incluso con la creencia de que comer sano es comer lo que abunda en las estanterías de almacenes y góndolas de supermercado.

Llevamos en nuestras creencias muchos mitos sobre la alimentación sana y además incorporamos nuevos mitos, como que el gluten les hace mal sólo a los celiacos. No es así, el gluten (proteína) es muy difícil de digerir para cualquier ser humano, porque nuestro organismo no está preparado para consumir las gramíneas, sino que estos son los más rentables para esta cultura global corporativa.

Lo mismo pasa con la proteína de la leche, la caseína. Estas dos proteínas, la caseína y el gluten se transforman en ambos casos, por ser péptidos bioactivos que podrían atravesar la membrana intestinal sin estar debidamente metabolizados, en tóxicos que contaminan nuestra sangre y nuestro sistema neurológico como péptidos opioides relacionados con la morfina. Además de ser altamente adictivos, son muy peligrosos para aquellas personas con un intestino sensible o dañado o con alguna alteración en la capacidad para metabolizar los alimentos. Es decir, en las mayorías de las personas de la sociedad moderna.

En el terreno alimentario, hay que apoyar el auge de la agricultura orgánica, biológica, sustentable que obtiene los productos sin el uso de abonos o pesticidas, sin contaminar el medio ambiente y obteniendo artículos de mejor calidad (gustativa y nutritiva), ya que el uso de abonos artificiales provoca un descenso de los glúcidos (sabor) en contrapartida al aumento proteico, y una carencia de vitaminas y minerales.

Una alimentación saludable es posible, pero depende de hacernos consientes de nuestras verdaderas necesidades. Nuestro cuerpo nos habla, pero no escuchamos, estamos programados por la inercia del consumo y la propaganda y a cada paso buscamos un nuevo estimulo de sabor, aroma y color, sin importar si es alimento o no.

No importa si nos lo dice el doctor o la nutricionista, no importa si nos lo dice un ser querido o alguien que vivido la terrible experiencia en carne propia: Hacemos oídos sordos porque no queremos dejar ese venenito que nos alimenta la ansiedad, que nos da unos minutos de euforia antes de caer nuevamente en la desazón y la apatía hasta el próximo estimulo de sal, azúcar, caseína (Proteína Láctea), o gluten (Proteína de Cereal).

Adictos a las harinas, a los azucares, a los lácteos, a la sal, ingerimos cantidades peligrosas y esa ingesta diaria nos lleva por una pendiente donde dilapidamos nuestra salud física y mental. Una gaseosa más, un postre más, papa fritas saladas, chizitos y más queso y más pan, galletitas, pastas y todo lo que mi cerebro programado y mi cuerpo adicto me pide a gritos, para después lamentarnos y quejarnos, por la hinchazón, por las jaquecas, por la apatía y la falta de voluntad. Hasta donde podremos resistir sin cruzar la grieta que nos separa definitivamente de la salud.

Pero para que cambie este estado de cosas y esto no quede en el plano de las utopías, debemos comenzar a mirar internamente qué nos pasa con la alimentación. Porque nos acostumbramos a lo que nos hace mal y no somos capaces de romper el círculo vicioso en el que estamos atrapados. Como somos presa del autoengaño y escondemos de nosotros mismos nuestras más peligrosas adicciones alimentarias.

Es imprescindible salir de este círculo vicioso y comenzar a concientizar la alimentación saludable, para nuestra salud, la de nuestros hijos y la del planeta en el que vivimos.

Ignacio Conde
iconde@ti-k.com

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