A dónde va a parar la basura?

Cada cosa en su lugar

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Siempre sentí un interés particular por el recurrente tema de la basura en nuestro día a día. No solo la importancia de no tirar un papel en la calle – ¿sabías que por las corrientes de viento y por las cloacas de la ciudad ese simple papel va a parar al río del que tanto nos quejamos que esté contaminado? – o de cuidarnos que no se nos vuele una bolsa en algún lugar inalcanzable, sino también del modo en que debemos separar la basura en casa: el primer eslabón de la tarea de separaciones. Es cierto que muchas veces, cuando vivimos en un edificio nos da vueltas en la cabeza “pero yo separo la basura y después cuando la recogen va todo al mismo lugar, así que ¿para qué molestarme?”.

Bueno, muy bien. Esto puede ser real, pero no quita la importancia de separar la basura y si lo hacemos, quizá debamos considerar llevar hasta el contenedor nuestras propias bolsas de residuos y tirarlas en el lugar que corresponde.

Pero, ¿por qué es importante separar los residuos? Si la separación está correctamente realizada desde el inicio –desde la casa –entonces la recuperación de materiales reciclables será mayor. De esta manera –entre otras estrategias del día a día – ayudamos a cuidar al medio ambiente y a reducir las problemáticas relacionadas a éste como el cambio climático que deviene de su descuido. La contaminación y la polución son problemas que están especialmente ligados a la cantidad de basura que generan las sociedades, sobre todo las grandes ciudades.

Y así, una vez que logremos llevar adelante una separación en casa, comenzará un circuito que generará impactos positivos en el ambiente:

– Se reducirá el consumo de recursos naturales renovables y no renovables que se destinan a la producción industrial.

– Se reducirán las emisiones de gases que producen el calentamiento global y el cambio climático.

Cuando nos referimos a la separación de la basura, hacemos referencia a todas las actividades que en su objetivo se encuentra la diferenciación de los residuos generados por el ser humano. Éstos pasan por diferentes tipos de tratamiento dependiendo de la ciudad, la disponibilidad física, la tecnología, etc.

Así, separaremos los residuos reciclables reutilizables de otros que ya no sirven y, de ser mucho más específico, pueden diferenciarse aquellos residuos orgánicos que sirven para realizar una composta y que la basura se reduzca mucho más.

Puedo asegurar que cuando comenzamos a hacer diferenciación de lo que tiramos, el tacho tarda mucho más en llenarse y reducimos muchísimo la cantidad de cosas que tiramos. Claro que si nos ponemos más específicos muchas costumbres sociales generan cantidades extremas de basura, pero si mantenemos una organización y somos cuidadosos todo puede usarse de nuevo o ayudar en este proceso de diferenciación.

Por ejemplo: en mi casa tengo un pequeño tachito en la mesada y cuando se me termina un paquete de fideos o de yerba, lo uso para que funcione de bolsa en él.

Ahora bien, hay muchas personas que al momento de tirar algo a la basura, no saben bien en dónde va, si es seco, húmedo u orgánico. Un método práctico –que a mí me sirvió mucho – fue hacerme un pequeño cartelito y dejarlo pegado en el costado de la heladera, y cada vez que algo me hace dudar, lo reviso y sigo.

Aquí un ayuda memoria:

Residuos orgánicos: son los residuos biodegradables que se descomponen gracias a la acción de microorganismos y se puede elaborar composta con ellos: cáscaras de frutas y verduras, café, té, residuos de jardinería, cáscaras de huevo, cabello, etc.

Residuos inorgánicos: residuos elaborados con materiales que no se descomponen o que tardan largo tiempo en hacerlo. De ellos se pueden separar los residuos que se pueden reutilizar y los que no. Siempre limpios y secos, de lo contrario no pueden reciclarse.

Reciclables: botellas, frascos y envases de plástico, de vidrio y de metal, tapitas y tapas de frasco de metal o de plástico, papel film, bolsas, sachets, potes, sillas, bidones, telgopor, radiografías, vajilla descartable limpia y seca, papel blanco o de color (impreso o no), cartulinas, sobres de todo tipo de papel, diarios y revistas, folletos, guías telefónicas, cajas, cajas de huevos, rollos de papel, envases tetra-brick de jugo, vino, salsa, leche, desodorantes en aerosol, llaves, candados, picaportes, griferías, ollas, ropas y telas en desuso.

Basura: restos de comida, papel y cartón sucios o húmedos, con restos de comida, laminados o plastificados, servilletas y pañuelos descartables, papel de fax, tickets de papel, papel fotográfico, carbónico, metalizado, autoadhesivo, envoltorios de golosinas, vasos encerados, plástico sucio, cd’s, dvd’s, toallas femeninas, pañales, agroquímicos o sustancias tóxicas, biromes, lámparas fluorescentes compactas o de bajo consumo, tubos fluorescentes, espejos.

Atención, todos los vidrios o los elementos cortantes que estén rotos, separarlos y si se puede poner un cartel.

Una vez que llegue el momento de sacar la basura, en la ciudad hay distintos contenedores, verdes y grises. Los grises se encargan de recolectar los residuos húmedos u orgánicos que no pueden ser reciclados y los verdes son los encargados de los residuos reciclables. Si en tu zona no hay un contenedor verde, podés averiguar dónde llevar tus residuos reciclables.

Sin embargo y quizá para darle un cierre a esta nota, el camino sería llegar a un plan de “basura cero”, la cual puede lograrse a través de una concientización, aprendizaje, conocimiento y responsabilidad social y ecológica de cada persona. Es un largo trayecto que entre todas las personas debemos aportar, pero con algunas ayudas podemos empezar.

En la Fundación Basura Cero (https://fundacionbasura.org/ ) realizan charlas y capacitaciones online y presenciales para aprender a llevar adelante una dinámica de Basura Cero en nuestro hogar y poder multiplicarlo en nuestra comunidad.

Lograr esto requiere de ser conscientes de nuestros hábitos de consumo y del impacto de nuestras acciones y decisiones diarias.

La consciencia y los hábitos para lograr un planeta basura cero son profundos, colectivos y necesitan paciencia y organización. Y claro, responsabilidad. Lograrlo empieza en casa y contagiando a nuestro entorno. Llevar cubiertos encima para no usar descartables, así como un vaso térmico para las bebidas del día. Realizar tus propios productos de limpieza o higiene, etc. Las formas son muchísimas y el camino comienza cuando tomamos consciencia de nuestros actos.

Mucha información, ¿no? Muchos cambios para hacer, ¿verdad? Imaginate todo lo que produce al medio ambiente, todo esto y todo lo que no hablamos. El cambio está cerca, en casa. Y se logra paso a paso, despacio. ¿Cuál va a ser tu próximo cambio de hábito para ayudar a nuestro Planeta?

Gisela Medrano
CONVIVIR

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