La homeopatía en animales nace casi junto con la humana y desde entonces se viene desarrollando en forma conjunta.
Kiva es un macho de 3 años de edad, de raza Chow chow, que presentaba un terrible problema de piel. Desde el año de vida, comenzó con una picazón, luego desarrolló unos granitos, que se fueron extendiendo desde el cuello, hasta el lomo. Fue tratado en su momento con antibióticos, que producían mejoras transitorias. Después le dieron corticoides, aduciendo un problema alérgico, con remisiones esporádicas. Después de dos años de tratamientos y de recorrida a diversos especialistas, la piel de Kiva era un desastre. Pelado en toda la parte superior, con costras sangrantes por todos lados, pus pegajoso y un olor muy desagradable. Kiva estaba triste, dolorido, humillado y sus dueños desesperados, ya que en la Facultad, le habían dicho que su caso no tenía cura y debía sacrificarlo.
Pero como dice un cartelito que tengo siempre cerca de mí “No te des por vencido, ni aún vencido...”
La Homeopatía no es infalible, ni tiene poderes extraordinarios, ni siquiera es mágica. Pero la Homeopatía tiene una forma diferente de encarar los problemas.
Con Kiva los veterinarios que lo trataron pusieron siempre el problema por fuera de él. Vieron a bacterias que producían los granitos con que empezó todo y le dieron antibióticos. Después como esto no resultó, pensaron en sustancias alergénicas, que por algún extraño conjuro, habían llegado a Kiva induciendo esta reacción de la piel. Corticoides durante un año. Después vieron parásitos externos (demodex) y mas adelante hongos tipo Malazezzia. Todos estos tratamientos transformaron a nuestro amigo en una piltrafa. Después le dieron vacunas para desensibilizarlo, ¿de qué? Siempre buscando causas externas.
¿Como razonamos los homeópatas?
En Kiva, por alguna causa que no podemos precisar se produjo un desequilibrio, una desadaptación al medio, un stress (como se llama modernamente). Esto indujo al cuerpo de Kiva a dar una señal de alarma: los granitos y la picazón.
En este caso los granitos actuaban como una señal roja en el tablero de un auto. Algo dentro del perro funcionaba mal y se prendió una alarma.
En lugar de buscar la causa primaria se dedicaron por todos los medios posibles a tapar, desconectar y destruir la alarma, llegando en forma metafórica a destruir todo el tablero del imaginario automóvil.
Los homeópatas tampoco podemos encontrar la verdadera causa del problema de Kiva; la ciencia médica aún no llegó a ese punto. Lo llamamos síndrome de desadaptación. Pero sí podemos encontrar la cura sabiendo ¿cómo es Kiva? Cual es su personalidad: en este caso, fuerte, temperamental, independiente, orgulloso, pisando fuerte pero muy afectuoso con sus dueños.
¿Cuál es su fisiología? Caluroso, al extremo de mojarse en la lluvia, con cero grado. Muy sediento, con un gran deseo de comer cosas grasas y picantes.
¿Cuál es el tropismo? ¿En donde busca enfermarse? Recuerden que uno no se enferma de lo que quiere, sino de lo que puede. Y Kiva, podía enfermarse en su piel. Ese es su órgano de expresión.
Sumado todo esto y comparado con la acción de los diferentes medicamentos homeopáticos, encontramos, computadora mediante, a uno llamado Sulphur, que fue el santo remedio para Kiva. Sulphur lo fue equilibrando energéticamente. Primero el lomo y el cuello, luego el abdomen y finalmente las patas, fueron curándose y cubriéndose de pelo, nuevo y fuerte. Llevó todo un año la recuperación, pero hoy Kiva y sus dueños están muy felices y contentos y su veterinario también.
Salud y Alegría. Hasta la próxima.
Jorge S. Muñoz
Médico Veterinario
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