En 1775, a causa de la hambruna que afligió Francia y otros países de Europa, la Academia de Besanzón ofreció un premio pecuniario a la persona que presentara una planta alimenticia que pudiera remplazar con ventaja en tiempo de escasez a los cereales conocidos. Entonces Parmentier aprovechó la ocasión y presentó a dicha institución su célebre memorandum en el que recomendaba y describía el cultivo del Solanum tuberosum, vegetal cuyas cualidades y ventajas había apreciado durante su cautiverio en Alemania.
En ocasión memorable reunió en un banquete, en París, a personas de singular posición social, entre los que cabe anotar a científicos notables como Franklin y Lavoisier; gran parte de las viandas fueron preparadas a base de papas; quedando los convidados satisfechos de las buenas cualidades del referido alimento.
Entonces la gente comenzó a creer que Parmentier tenía razón; quien con perspicacia poco común, a fin de llamar aún más la atención del pueblo y de los observadores y despertar mayor interés, consiguió que su famosa plantación fuera resguardada por policía, la cual permanecía de guardia durante el día, con orden de retirarse al anochecer.
Estimulada en esta forma la curiosidad acudieron muchos, comenzando incluso a hurtar las plantas, unas para probarlas como alimento, otros para ensayar su cultivo, alcanzando por lo tanto un éxito completo los propósitos de Parmentier de convencer de la facilidad del crecimiento y producción aún en terrenos desfavorables y su propagación ante el pueblo.
Además conociendo la simpatía que su labor había ganado en la Corte del Rey, para reafirmar su prestigio confeccionó un gran ramo de flores de la referida planta, la llevó y obsequió a Luis XVI. S.M. no tuvo a menos colocar una de estas humildes florecillas en el ojal de su solapa. A su vez, María Antonieta adornó su cabellera. De este modo se impuso la moda de su flor en la corte de Francia. El Rey al recoger el precintado ramo, benigna y comprensivamente dejó estas significativas palabras a Parmentier “Francia le agradecerá a usted algún día por haber hallado pan para todos los pobres”. Safford, autor de un interesante folleto acerca del tema, concluye al referir esta anécdota: “Ninguna estatua ha sido levantada en nombre de Parmentier, pero en su tumba, las papas florecen cada año, demostrando así que él no ha sido olvidado por el pueblo de Francia”.
César Vargas
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