A medida que los años van transcurriendo, lógicamente se van produciendo una serie de cambios conductuales que se extienden a nivel corporal, mental y por consecuencia de estos últimos, a nivel social.
Los cambios más frecuentes se manifiestan en la modificación de la visión, disminución de la audición, disminución del rendimiento corporal, alteraciones fisiológicas en la respuesta sexual, aparición de manchas, pérdida de la memoria de hechos recientes, etc.
La confrontación con esta normal realidad, hace que, en este caso el adulto mayor, entre en conflicto. Empieza a sentir que hay muchas cosas que le resultan muy dificultosas poder realizarlas, y siente que hay otras que dejan de pertenecerle. Lo que generalmente sucede; como expresión manifiesta de este conflicto; es el retraimiento de la relación con el mundo externo ocasionando un mayor contacto interno personal, lo que vulgarmente se llama “mirada hacia adentro”. A través de esta interioridad, la persona comienza transitar por sus recuerdos, existiendo dos maneras distintas de hacerlo, de acuerdo a su personalidad previa. Puede tener un recordar agradable y feliz sintiéndose en paz consigo mismo y con los que lo rodean, perteneciendo a su sociedad y a su momento histórico, de esta manera la representación de la muerte; siempre presente; no será un fantasma sino un “simple” acontecer.
O puede también tener un recordar nostálgico con tonalidades afectivas más o menos dolorosas. Estas personas con este tipo de recordar llevan la idealización a un punto máximo, que luego al no poder alcanzar ese ideal tan “exigente” lógicamente se frustran. Si la persona no cuenta con ciertos recursos adaptativos y defensivos, caerá inevitablemente en un colapso con grandes montos de angustia y ansiedad, lo que desencadenará una depresión clínica.
Una de las maneras más eficaces para abordar este tipo de enfermedades, se sostiene en tres pilares fundamentales:
1) Las Psicoterapias
2) La Contención y/o Ayuda Familiar, y a veces:
3) Los Psicofármacos.
“Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón...
Pero nunca te detengas”.
Lic. Ma. Florencia Nieto González
Psicóloga
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