De acuerdo a la competitividad individual existen tres tipos de personalidades:
a) agresiva, competitiva, con capacidad de liderazgo, tiene constante prisa, con impaciencia.
b) no competitiva, en paz consigo mismo, relajada.
c) aparentemente serena, cooperativa y paciente, que reprime emociones, con incapacidad de diferenciar sentimientos. Con ese estado de desesperanza de larga data y represión emocional permanente, se produce una carga en el cerebro, con disminución simultánea de la inmunidad, volviéndola más vulnerable a determinadas enfermedades, debido a la excesiva producción de opiáceos y adrenalina cerebral.
Es muy importante cambiar conductas en los que poseen personalidad tipo c, dado que con paciente entrenamiento deben revelarse ante la tendencia a la sumisión, con una relación más abierta y la autonomía necesaria para negarse a continuar en situaciones que provocan malestar.
Los que poseen personalidad tipo a encabezan las estadísticas de infartos de miocardio, úlceras gastroduodenales y cáncer.
Las mujeres sumisas sometidas a presión laboral o familiar intensa, padecen de síndrome hipotalámico disfuncional con ciclos anovulatorios y menor posibilidad de fertilidad.
Técnicas para prevenir el estrés
Fomentan la capacidad de adaptación del individuo, y pueden ser:
Generales: incrementar en general recursos personales.
Cognitivas: cambiar la forma de ver la situación.
Fisiológicas: reducir la activación fisiológica y el malestar psicofísico.
Conductuales: promover conductas adaptativas, con estrategias de comportamiento que ayudan a afrontar problemas.
Dr. Raúl Iglesias