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En lejanos tiempos, trece siglos A.C. un gran maestro enseñó una elevada doctrina espiritual, por medio del canto, la música y la poesía. Se lo llamó "Orfeo" que significa: el que cura por la Luz. La Luz es el símbolo por excelencia de la Divinidad, la cual se nos revela como "Fos", esto es, fuego. Los seguidores de esta religión teúrgica y de salvación, practicaban el culto del fuego, quemando hierbas aromáticas en altares levantados en los lugares altos, cantando himnos acompañados de hermosas melodías. Esta tradición se trasmitió por medio de los llamados "misterios" o "arcanos".
En ellos, se comunicaba un Conocimiento Superior o Gnosis, por medio de rituales, dramas simbólicos, himnos, mitos y relatos alegóricos.
El Gran Arcano designa un conocimiento para iniciados, que Orfeo, enseñó en Grecia.
"Voy a revelarte el secreto de los mundos, la naturaleza del alma, la esencia de Dios. Escucha por lo tanto el Gran Arcano: un solo Ser Supremo impera en el cielo, la tierra y los abismos: Zeus Todo-Poder. El es Padre y Madre. Este es el Primer Misterio"
El Ser que es Vida (Zeus) y supremo, está más allá de todo conocimiento y de todo nombre y de toda esencia.
"Cuando Moisés te preguntó por tu nombre le respondiste: Yo Soy el que Es. Y así revelaste tu Divino Nombre. Tú eres el verdadero Ser. Tú eres todo el Ser" (Duns Scotus (1265-1308)
Y este Ser Uno y Único es Padre y Madre: origen de la Vida y Fuente del Ser.
Como enseña el insigne maestro Juan Scotus Erígena (810-877), todo procede de El. El uni-verso, precisamente es la expresión, la versión o revelación del Ser Supremo, el Uno. Es decir, que ese "Primer Principio" se despliega y se muestra, como una división sin partición, en lo múltiple. Por eso, concluye el Erígena que el universo es una "Teofanía", es decir, una manifestación de Dios.
Esto lo encontramos incorporado a las enseñanzas de Pablo cuando escribe:
"Todo proviene de Dios, todo se sustenta en El y todo retorna a El" (Rm.11:36)
De modo que todo lo creado ha sido primero vida en Dios. Cada uno puede con razón, alegría y gozo decir: yo soy vida en Dios. No como un objeto en un recipiente, sino como lo enseñó el Divino Maestro Jesús, utilizando una alegoría sencilla y contundente:
"Yo Soy la Vid, vosotros las ramas" En otras palabras, Yo Soy la totalidad, y vosotros los segmentos no separados de la totalidad. Así, mediante un símbolo natural, comprendemos los Principios de la Unidad y la Totalidad.
A este Principio de ser primero vida en Dios se refirió también el apóstol Pablo cuando en Atenas, habló del Dios Desconocido -El Oculto- y citó los versos de un poeta órfico que dicen:
"En El vivimos, nos movemos y somos, pues somos efectivamente de su misma naturaleza" (He.17:28-29).
Asimismo, en un texto Gnóstico, con el cual comienza el evangelio atribuido al apóstol Juan se recoge esta enseñanza, a la que se considera como el "arjé", esto es, como el Principio y Fundamento de este Conocimiento Superior o Gnosis:
"En el Principio y Fundamento -arjé- era el Logos y el Logos procedía de Dios (Theos) y Dios era el Logos. El era en el Principio procedente de Dios. De El mismo proceden todas las cosas y sin El nada deviene de cuanto ha sido generado. Porque en El estaba la Vida y la Vida es el fuego que anima a los hombres. Y ese fuego se manifiesta en la oscuridad -las fuerzas materiales y el mundo de las formas- pero la oscuridad no lo sofocó…
Esto nos remite nuevamente el mito órfico en el cual se relata que los titanes y titánidas -las fuerzas primordiales de la naturaleza- devoran al Niño Divino Dionisos, el Logos de Zeus. Sus partes quedan esparcidas como chispas divinas en todas las entidades vivientes.
Esta alegoría la conocemos como la "crucifixión cósmica". Con esta figura se trata de comprender el hecho por el cual la Divinidad anida en las formas creadas, de modo que el universo es en realidad como un tabernáculo que guarda el fuego divino. Esa Divina Presencia lo hace sagrado. Y este ser-sacralizado, lo expresamos también como la "Ley del Sacrificio".
En el ya citado Evangelio de Juan se hace mención explícita de esta Ley cuando dice: El Logos se revistió de materia -se encarnó- y moró en nosotros" (Jn.1:14)
Y el relato órfico finalmente nos advierte que: cuando las almas, que son los miembros esparcidos del cuerpo de Dionisos, se enciendan como llamas y se unan a su corazón refulgente, quedará reconstituido el cuerpo de la Divinidad o Divino Pleroma. Todo será transfigurado. La ilusión desvanecida. Esta reintegración a la Unidad del Ser y a la Fuente de Vida será "el fin de los tiempos".
Lic. Carlos Papaleo
Mar Athanasios
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