Hay
épocas en la vida en que todo parece funcionar
bien, todo anda “sobre rieles”, y de
pronto -en un instante- un hecho grave, infortunado,
como un accidente o la pérdida de un ser
querido, nos sume en la angustia y la desesperación.
Personalmente, me tocó pasar por momentos
así, y al transcurrir el tiempo fui mirando
hacia atrás y sacando conclusiones sobre
lo que me había pasado.
Cuando estamos sumergidos en la situación,
gritamos, lloramos, nos enojamos... Esto da paso
a una meseta en la que nos sentimos tan transidos
por el dolor que hasta nos volvemos indiferentes
e indolentes: “todo me da igual”...
“abjuro de mis creencias, que no me sirvieron
para nada”...
Luego pasa el tiempo, luchamos para reponernos,
y un buen día nos encontramos viviendo en
la normalidad.
Si en ese entonces tenemos la capacidad de detenernos
y mirar hacia atrás, veremos que algo habremos
aprendido de lo vivido: la solidaridad de parientes
y amigos; que usamos el tiempo para reflexionar...
Siempre concluiremos que lo pasado nos sirvió
para crecer un poco más.
Recuerdo que una amiga, Laura, me reconfortaba diciendo:
“todo es parte de la evolución, todo
pasa”.
Y aunque en ese momento no me gustaba, tenía
que reconocer que era cierto, que era así.
En este mes de Enero empezamos un nuevo año.
Los argentinos económicamente, moralmente,
estamos pasando por una etapa de convalecencia.
Todavía no estamos mejorando, pero se ven
pequeños signos que nos indican que estamos
superando los momentos graves.
Más adelante nos sentaremos a reflexionar
en cómo las pruebas de los últimos
30 años nos sirvieron para fortalecernos.
Por ahora comencemos este año proponiéndonos
mejorar y superarnos, con la mira en el bien común.
Seamos creativos y solidarios, actuemos con compasión
y honestidad, empeñemos todos nuestros esfuerzos
para superar esta prueba de una vez por todas y
que el 2008 sea el principio de nuestro despegue
económico y moral.
Marta Susana Fleischer