El
deterioro de la salud ha sido -y es- la resultante
de una serie de hábitos erróneos sumados
a di versos factores perniciosos de origen psicoemocional,
ambientales, etc... Pero quizás lo que más
ha contribuido para que esta resultante no sólo
permanezca sino que además se intensifique,
se debe en gran medida a una interpretación
equivocada de algunas reacciones curativas del cuerpo
llamándolas: “enfermedades”.
Se
ignora así lo maravilloso de la maquinaria
humana, cuyo diseño anatómico y mecanismo
funcional constituyen un inigualable modelo de alta
ingeniería. Se institucionalizó un
criterio equivocado, tendiente a considerar todas
las manifestaciones anormales del cuerpo, como hechos
ajenos a él mismo. Así comenzó
-y aumentó- una larga cadena de métodos
tendientes a sofocar estas expresiones sin preguntarse
el por qué de ellas. Sin investigar, sin
tener presentes que tan maravillosa maquinaria tiene
y mantiene “per se” una clara tendencia
activa hacia el mantenimiento de la vida y que esa
actividad es la misma que se manifiesta en lo que
generalizando se dio en llamar “síntoma”
o “enfermedad”.
Entonces
cuando el cuerpo expresa esta “actividad curativa”
se sofoca el síntoma, es decir, una parte
importantísima de la tarea curativa, de modo
que se considera al cuerpo como ineficiente, inoperante
y hasta como si estuviera desquiciado. Luego de
sofocar la exteriorización viene la gran
“ayuda” para erradicar al intruso “enfermedad”,
como si la misma tuviera vida propia. Pero es inobjetable
el hecho de que si el cuerpo presenta una reacción
atípica, desde un resfrío a una colitis,
o una erupción o inflamación, debe
ser en correspondencia con dicha tendencia y capacidad
hacia la vida y la salud. Si admitimos esto, cabe
preguntarse que es lo que es compendio de sabiduría
en acción -o sea el cuerpo humano- está
realizando.
Salvo
mejor respuesta, ¿No es lógico pensar
que algo está obstaculizando su buen funcionamiento?
¿No es más lógico pensar que
se está poniendo en marcha todo un mecanismo
de defensa, donde ese resfrío o esa colitis
son “enfermedades curativas” y que lo
que más conviene es propender y encausarlos?
Si no ha sufrido un accidente que modifique su estructura,
casi seguro que su problema estaría en los
materiales que usa. ¿Oué son estos
materiales sino el resultado de la elaboración
digestiva? Juntamente con ellos se produce la suma
de residuos de diversa índole que el organismo
debe eliminar: la buena nutrición indudablemente
es factor básico para el buen funcionamiento
orgánico. Las carencias se hacen notar. Pero
ellas no son en si mismas causas de crisis curativa.
Sí lo son las toxinas no eliminadas oportunamente
ni en cantidad suficiente.
En
toda “enfermedad” leve o intensa, transitoria
o crónica independientemente de otro tipo
de motivos que se puedan descubrir, siempre está
la presencia de toxinas acumuladas en diversas partes
del cuerpo, y/o circulantes en la sangre o fluidos.
Es obvio que esta presencia no puede ser benéfica
ni neutral para el adecuado funcionamiento orgánico.
También resulta fácil entender el
razonamiento de acción defensiva del mismo,
en procura de mantener limpios y expeditos sus conductos,
redes, paredes, filtros y fluidos todos, y por ende,
en adecuadas condiciones el terreno donde se realizan
sus operaciones y es con ese objetivo que recurre
a estos mecanismos defensivos de eliminación
extraordinaria. Comenzando generalmente con lo más
simple, con un leve resfrío, hasta llegar
a problemas epidérmicos como psoriasis, o
a tumores que salen a la superficie.
Debemos
diferenciar la defensa pasiva por medio de la acumulación
de sustancias en zonas menos peligrosas en lo inmediato,
como quistes, tumores, cristales; todos los cuales
deben entrar en crisis curativa para ser eliminados,
al igual que toda enfermedad crónica y siempre
dentro de las posibilidades que le van quedando
después de milenios de deterioro heredado
y los daños ocasionados por tratamientos
abortivos.
Otras
veces se producen efectos consecuentes con sus esfuerzos
por mantener la calidad de vida “a pesar de”,
como sucede generalmente en la presión alta
o baja. En el caso del tan común como temido
estreñimiento, hay una sobrecarga unida a
otros factores, que lo someten hasta cierto punto
a sufrir pasivamente tal obstrucción, no
pudiendo ser resuelta a veces, de no mediar una
intervención desde afuera.
Si no comprendemos y admitimos esto, toda terapia,
por más tóxica que sea, va a contribuir
para que las toxinas sigan permaneciendo en proporciones
inconvenientes. Harán aportes energéticos,
bioquímicos, colaborarán con la oxidación
de desechos y activarán eliminaciones. Pero
si no hay desintoxicación en profundidad,
serán descongestiones transitorias, derivadas
a otras zonas o disminuidas en proporciones no importantes.
Se impone un concepto permanente de higiene integral.
Dijo el gran Luis Kuhne: “sin intestinos limpios
no puede haber buena salud”.
Desde ya que la terapia por medio de una adecuada
alimentación es imprescindible. Pero se impone
un reacondicionamiento de la maquinaria sus filtros
y materiales: No se echa vino nuevo en odres viejos,
dice un versículo bíblico.
Mientras más integral e intensivo sea un
tratamiento, mayor es y más profundo serán
los resultados. Aun así, hay personas que
con sólo la dieta, sin previo acondicionamiento,
han experimentado todo tipo de mejorías incluso
en gravísimas afecciones: esto ratifica simplemente
el hecho de que nuestro cuerpo es de una perfección
y capacidad superlativa. Pero no invalida en lo
más mínimo el incuestionable criterio
expuesto.
¿Cuál es la propuesta?: Desintoxicar,
limpiar el cuerpo integralmente. Por dentro y por
fuera.
¿Los métodos?: Los que la misma naturaleza
nos da y enseña desde la existencia misma
del hombre: agua, tierra, aire y sol.
El AGUA, pilar de desintoxicación a través
de la estimulación nerviosa circulatoria,
movilización de toxinas y conducción
a los diferentes emuntorios, activación nerviosa
e irrigación de los mismos fortaleciéndolos
para dicha función, desafiebramiento y descongestión
de dichos órganos, impulsadora del equilibrio
térmico de todo lo cual derivan una serie
en cadena de beneficios funcionales y orgánicos.
La TIERRA, otro pilar de desintoxicación,
especialmente en forma de arcilla, con sus inigualables
propiedades de atracción y absorción
de toxinas y microorganismos patógenos, tanto
a través de los poros de la piel o por ingesta
más su aporte directo de energía celular,
equilibrio térmico, rubefacción, regeneración
de tejidos, cicatrización, también
produciéndose una secuencia de efectos causales.
Por todo ello se constituyó desde las más
antiguas civilizaciones, en casi una panacea para
el restablecimiento de la salud y también
del embellecimiento. Es la arcilla pilar del desafiebramiento
y desintoxicación del aparato digestivo.
Insuperable en afecciones epidérmicas leves
o profundas, como acné o celulitis. Usada
en cataplasmas, compresas o baños, se hacen
innumerables sus benéficos efectos.
Ambos elementos además de esta limpieza interna,
realizan la verdadera limpieza por fuera, la que
el baño diario no alcanza a realizar: con
la propiedad de absorción y desobstrucción
de la Arcilla, más la intensa actividad circulatoria
iniciada en la epidermis por la Hidroterapia, se
efectúa tanto una limpieza mecánica
como una autolimpieza que la piel sana y activa
está en condiciones de realizar natural y
cotidianamende. Y es la piel sana y activa uno de
los más imprescindibles factores de buena
salud.
Como inseparables complementos de la naturaleza
para estos fines, se encuentran el aire, que recibimos
a través de la piel y los pulmones; el sol,
recibido también por medio de la piel.
Cabe referirnos a fricciones, masajes, terapias
corporales, acu y dígito puntura, filoterapias
varias, dietas, tratamientos psicoemocionales como
valiosísimas ayudas en la tarea de desintoxicar
y resguardar el buen funcionamiento orgánico,
u optimizarlo.
Concluyendo: aún cuando no se comparta este
concepto respecto a lo que consideramos determinante
de las muchas enfermedades a partir de las toxinas,
creemos compartir sin excepción el criterio
de que un organismo limpio está en superiores
condiciones de responder a cualquier terapia.
En cuanto a los métodos, es cuestión
de conocerlos, comprenderlos y experimentarlos.
Integralmente.
Vezna
Pavlov - Juan Degregorio